El comienzo de una nueva etapa política con un Gobierno repleto de interesados

Opinion

juanantoniosanchez2014buenaAl igual que los estudios oncológicos demuestran que el cáncer evoluciona con más rapidez de lo que los medios del ser humano son capaces de invertir, es la imposibilidad de lograr acuerdos lo que nos mantiene erráticos a la espera de que unos pocos protagonistas de nuestras vidas sean lo suficientemente coherentes como para dedicar un tiempo de la suya en proteger la de sus semejantes.

Una comparación alusiva a lo importante de generar nuevos proyectos políticos con los que erradicar la sinrazón de una especie que se devalúa al mismo ritmo que los mercados económicos de los que son integrantes. No son delirantes aluviones de pensamientos irreflexivos lo que me mueven, es la capacidad de escribir metódicamente lo que pienso, es la interpretación somera de las cuestiones de la vida y el grito de rebeldía ocasionado al comprobar que los que tienen el poder en sus manos se debaten entre cuestiones improbables por no asumir las normas a las que se deben con las formas adecuadas...

En nuestro país el descalabro político es suficiente cáncer social como para que los ciudadanos y ciudadanas no interpreten el colapso de un Gobierno inculpado en una causa a todas luces ilegal, mantenido hasta ahora por la ligereza de la oposición incapaz de formalizar una estructura común con el objeto de redimir al Parlamento de tanta osadía y expiar las culpas de los escaños que tanto daño nos hacen.

Se puede vivir de la misma manera pero no de la misma forma, es decir, podemos seguir aceptando una Administración que se dictaminó corrupta o apurar el tiempo en un esfuerzo para allanar el terreno de la desprotección social. A pesar de que las nuevas formaciones se empeñan en ser las más honestas, incluso tomándose la licencia de exagerar sus discursos y luego caer en sus propias trampas, la realidad es que todas son necesarias, y que con el solo gesto de sentarse a dialogar, a debatir soluciones sin mediar ideologías que impidan lograr acuerdos, ni usar partidismos personalismos u otras mediciones irresponsables, podremos aspirar a que con ese gesto se podrá lograr la paz social que necesitamos para seguir creciendo.

Los que inventaron la ciencia política nunca pensaron que se convertiría en el arte del poder silencioso; el liderazgo envuelve el diálogo y confronta intereses personales por encima de los generales de la sociedad a la que representan. El cambio no es instaurar una nueva Transición, la Constitución Española debe de ser retocada pero no destruida casi en su totalidad como algunos pretenden; el Estado es irrefutablemente negativo a demarcaciones independentistas que en nada contribuyen al interés de sus propios ciudadanos y ciudadanas, implicados sin mediar en una dinámica desfavorable que impide negociaciones éticas y convierten en imperativo la creación de nuevos estados aleatorios a los intereses de unos pocos saboteadores de la paz social.

Hemos entrado en una nueva época de nuestra democracia, el hecho que la primera moción de censura que sale adelante en nuestro país confirma que la polémica está servida. No es de buena dialéctica política nombrar gobiernos de diferentes ideologías y pensamientos con una definición despreciativa, “un gobierno Frankenstein”; un calificativo que llega desde la soberbia con la que los máximos representantes del PP, el que lideraba el Gobierno de España muestran tras su derrota.

A pesar de la oculta transparencia de las razones de quienes apoyados por la parte más dura de la derecha actual de nuestro país, convenida en un lugar de privilegio ansiando unas Elecciones Generales más cercanas cada vez que les lleven a la Moncloa, el señor Rivera y Ciudadanos manifiestan su deseo de saberse pronto la oposición a la inmediatez gubernativa del escenario político; hecho por el cual mostraron su total oposición a servir a las estrategias de quién optó por presentar una moción que nadie creía, lograse su objetivo.

Pero nada ha salido como los populares y los de Ciudadanos creían, la moción de censura ha sido todo un éxito y con la conveniencia añadida del PNV en sus logros presupuestarios, el Sr. Sánchez se ha hecho con las llaves de palacio y el llavero parlamentario, a pesar de no estar ni siquiera ubicado como diputado de la Cámara Baja, a pesar de la sabida animalversión de algunos de sus dirigentes autonómicos y de la poca afinidad del calendario socialista.

En las continuas conversaciones que se mantuvieron antes de la votación de la moción de censura entre el PSOE y las diferentes formaciones necesarias para sumar adeptos, los teléfonos echaron chispas y las baterías sufrieron el calentamiento de tanta información en tan poco tiempo. En los mensajes, las chuletas bajo manga y los susurros parlamentarios se consiguió abordar la salida del Sr. Rajoy. Lo que nos abemos por ahora y tardaremos algunos meses en hacerlo son las condiciones pactadas, los informes subterráneos que salpicarán seguramente la polémica de los que con total comodidad y faltos ya de la obsesión por el poder como la formación de P.M. Iglesias, sugerirá como planteamientos de una oposición convenida; seguramente para alejar un poco de los intereses de una izquierda poco dada a los arreglos internos, del partido con más filin de la derecha, el del Sr. Rivera y Ciudadanos. Estos, buscando la iniciativa parlamentaria trabajaran para despojar al PP de sus votantes en su asalto a unas futuras Elecciones Generales.

Ahora nos queda camino por recorrer para afianzar la nueva época política que se nos viene encima, calibrar los riesgos y las ventajas de un Gobierno atraído por su ofensiva contra la corruptela de todos estos años e infravalorado por sus propios representantes los cuales han demostrado sobradamente que para ser político con intereses propios hay que tener la cara muy dura, porque desde esa dureza y falta de honestidad viene la penuria social a la que nos han tenido sometidos ¿Esperanza? Eso es lo último que se pierde y que conste que es una pregunta no la llamada a filas de nadie con su mismo nombre; soluciones a los múltiples problemas de la sociedad española sin demasiados formulismos pero con el formalismo adecuado es lo primordial para empezar a creer que el cambio en la cúspide política nos reportará el beneficio y el progreso deseado.


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