Mientras estuvo presente en el panorama canario del arte, José Luis Vega, fue agente activo y artista vital, así como parte inseparable de una forma esencial de compromiso. Cuando decidió marcharse y fueron muchas las veces, y en distintos tramos de su vida y trayectoria que así fue, se convirtió en el ausente palpable. Eso, aun contando con que nunca descuidó su presencia en las exposiciones que organizaba tan pronto tocaba tierra insular y en momentos de estancia concreta. La trayectoria de José Luis Vega fue larga y dilatada, y su devenir vital le llevó a instalarse en varios lugares de la geografía española y americana.
En la segunda mitad de la década de los sesenta e inicio de los setenta, primero en Cataluña y luego en Madrid, con algún acercamiento, tanto a Baleares como a París. No sin faltar a la cita canaria exponiendo al paso de sus idas y vueltas. Tras una primera incursión americana, que le lleva a exponer individualmente en Argentina, la primera parte de la década de los setenta cubrirá su etapa esencialmente americana. Instalado en Venezuela se integra a la vida artística de su capital, Caracas, y colabora en los diferentes frentes donde se ejercita la colonia canaria. Acude luego a Puerto Rico y gira por México celebrando sendas muestras en sus espacios expositivos. Vuelto a Venezuela sigue expectante los distintos acontecimientos que su labor como pintor activo le deparan. Expone en diversos espacios del país, siendo lo más señalado la muestra que le lleva a Maracay.
Justo cuando el primer lustro de la década expira, en 1975, José Luis Vega regresa a las Islas. Dato para ilustrar este periodo lo corrobora su exposición Vega ’75, individual itinerante que gira por varias salas de arte de Gran Canaria y Tenerife. El lustro siguiente, hasta 1980, queda repleto de las variadas e indistintas actividades emprendidas por el pintor en los más dispares frentes: se vincula más estrechamente a la Escuela Luján Pérez, participa en cuantos proyectos colectivos de arte deparan la Escuela y ayuda en la reorganización del Grupo Espacio hasta la consecuencia final, en 1978, con la muestra de Murales en la Calle, o la participación en la destacada colectiva del Certamen Internacional de Artes Plásticas de Lanzarote, con motivo de la inauguración del MIAC, de Lanzarote, en 1975. Entretanto, nunca descuidó su aportación personal, con muestras en las islas que le llevan desde Gran Canaria a Tenerife y más tarde a La Palma.
En 1980, José Luis Vega vuelve a ausentarse del Archipiélago recalando de nuevo en Cataluña, esta vez instalado en Santa Coloma de Gramenet primero y algo más tarde en Barcelona capital, allí participa en la muestra colectiva homenaje al arquitecto Antoni Gaudí y hace alguna incursión de carácter individual. Sin embargo, este será un momento de zozobra en la vida del artista quien se abstiene de participar, justo un lustro, de la vida artística del entorno. El cierre de este bache se produce cuando a finales del año 1986 se radica, con todas las consecuencias, en Cantabria, allí accede a una plaza de profesor de pintura en el Centro Cultural ‘La Vidriera’, de Camargo, donde fija su residencia.
Se reinicia entonces un gran nuevo ciclo vital que le lleva a exponer, tanto individual como colectivamente, por nuevos y distintos espacios de arte. Durante este periodo, prolongado hasta la entrada del nuevo siglo, celebra individuales tanto en Cantabria y Galicia, con salto a Barcelona, así como en Valladolid y País Vasco; y participa en proyectos colectivos, alguno de carácter internacional, que gira por España, Francia, Italia o Cuba. Nunca olvidando su vinculación activa con el medio en los más variados proyectos de arte y participación civil. La cima definitiva de esta etapa la cierra con la edición de su monografía pictórica, Vega, la memoria y el silencio (Cultura. Ayuntamiento de Camargo, 2003), obra de la historiadora y crítica de arte Ana María Bolado Ceballos. De esta etapa sí deberá decirse que José Luis Vega marcó un distanciamiento con las Islas y su ausencia expositiva se dilató durante largos trece años, los que van desde 1992 a 2005.
José Luis Vega regresa definitivamente a las Islas en el año 2005 y se instala en Gran Canaria, emplazado entre su capital y el pueblo norteño de Agaete hasta su vuelta definitiva a la ciudad. Desde esa fecha hasta su fallecimiento realiza las que, en mi opinión, son sus muestras más destacadas: de revisión de su trayectoria, de asentamiento de sus procesos, de decantación de su estilo. Ya en 2005, su muestra Vega. Retrospectiva (1965-2005), que abarca 40 años de labor pictórica, celebrada en el CICCA de Las Palmas; en 2007, Stratos (1965-2005), en el Centro de Arte La Recova, de Santa Cruz de Tenerife; en 2008, Entre papeles ]1962-2007[, que contempla su obra específica sobre papel y cubre 45 años de trayectoria, organizada por el Ayuntamiento de Las Palmas de GC y celebrada en el espacio del Edificio Miller; cerrando en 2011, en el Club La Provincia, con su muestra Retablos, que trata de su obra seriada de carácter ilustrativo. Desde luego, su obra donde el punzón civil y la crítica social son más patentes y, sin duda, radical.
Testigos de su circunstancia vivencial y su vital experiencia pictórica hemos sido escritores y teóricos como Herrera Piqué, Rafael Franquelo, Ana María Bolado, Celestino Hernández, Franck González o yo mismo, quienes, en distintos textos recogidos en sus catálogos, dimos cuenta del referido estado. Todos, al unísono, concordamos la rabiosa independencia que siempre figuró como paradigma en el comportamiento humano de José Luis Vega y, desde luego, en distintivo personal al momento de acometer el trazo de su obra. Obra que, igualmente, gozó de la diferenciación intacta del resto de los pintores de su generación, de escuelas y corrientes a las que se le enclavara o grupos a los que siempre se vinculó comprometido. Un Vega se distingue con inmediata rapidez a vuela vista.
En estos años he tenido la suerte de participar con José Luis Vega en algunos de estos proyectos citados. Con un texto para su catálogo de Vega. Retrospectiva (2005), con el comisariado de la muestra Entre papeles (2008), y participando él en todas las citas del proyecto plástico Diálogos al Norte, que entre 2013 hasta 2017 ha itinerado por los distintos municipios de la Comarca Norte grancanaria, presentándole entremedias, en el Centro Cultural de la Villa de Agaete, su exposición Despedida (2015). Hasta el día de hoy que, casi tres años más tarde y ya sin él, nos citamos de nuevo para recordar con alegría su nombre y concelebrar con todos su Obra, en esta muestra que, al cabo, ha querido verse convertida en Homenaje. La muestra ha quedado establecida con la datación de la que sería su última serie, Variación de Piso Firme, Gáldar y una sucinta presencia de su obra referida a parte de sus series Paisajes abstractos. Muestra que, aunque somera, da el suficiente indicio para un conocimiento y repaso de la última producción de José Luis Vega en el último tramo de su trayectoria, coincidiendo con los años que van de este siglo.
Para concluir, mantendré que me niego, tajante, a entrar aquí en la diatriba acerca del escaso acercamiento a su obra desde la vertiente institucional, del palpable olvido que la crítica dada por oficial parece ha fijado sobre su trayectoria, o del ningún cuidado con que su figura se ha decantado en el seno de la comunidad artística canaria. Me niego también a socorrer la memoria de José Luis Vega y esclarecer si su carácter independiente y nada acomodaticio provocó su distanciamiento del devenir normalizado y en consecuencia le restó posibilidad de otro trato. Ahí queda su Obra, para ser visitada y revisada, puesta al día cuando las claves se conciten y hagan necesarias; ahí, para el futuro: para otros tiempos por llegar que ahora serán nuevos. En esa esperanza, que la Obra de José Luis Vega goce de un nuevo tiempo, pongo mi confianza.




























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