Bancos y clase política vulneran el progreso social
Parece increíble pero el hecho es que los parámetros del enunciado son lo bastante explicativos del trabajo por hacer si queremos salir del atolladero económico en el que nos encontramos; son los elegidos como utilleros de este cambio, la clase política y los agentes sociales, es decir, empresa y sindicatos, los que deben de ponerse manos a la obra de inmediato o naufragaremos en un cenagal de penuria social más que preocupante.
Estos son los cinco principales mensajes que ha lanzado el Banco de España en su informe anual publicado este martes: uno, es necesario que haya "un mecanismo de ajuste automático de las pensiones". Dos, la recuperación de la competitividad ha descansado en los costes laborales mientras que los márgenes empresariales han seguido estables, lo que indica falta de competencia entre las empresas. Tres, la calidad del empleo es "mejorable", un hecho que lastra la productividad de la economía y aumenta la desigualdad. Cuatro, los esfuerzos de ajuste y las reformas deben continuar para bajar la deuda y hacer frente al envejecimiento de la población. Y cinco, la fragmentación parlamentaria impide los consensos para esas reformas.
Mientras tanto, las entidades bancarias siguen lucrándose mediante comisiones desproporcionadas de sus productos, la inversión extranjera de estas supera a la nacional en muchos casos y en nada revierte por tanto a la sociedad que sufrió las consecuencias del desastre financiero.
Menos nacionalismo, menos independentismo, menos secesionismo, más ciudadanos y ciudadanas es lo que esperamos para sofocar la indignación y depresión social de nuestro Estado de Derecho y así sellar las fisuras de la desigualdad y obtener con ello la plena convicción de que nuestros representantes hacen algo por subsanar los errores, atender las demandas y construir política mediante el diálogo y no desde el esperpento del improperio mutuo.
Porque aun con el malestar de los continuos agravios a la sociedad producto de estudios no realizados, de malversaciones de caudales públicos, de erres malintencionadas, de papeles de contabilidades extraños, de compras inmobiliarias desajustadas o nombramientos injustificados, lo que realmente preocupa a los españoles y españolas, a los que se sienten o no nacidos en el mismo país o los que creen haber nacido en otros lares por rebeldía a todo lo que suene afín, la realidad es que en todos lares cuecen demandas y en las ollas vacías penurias insostenibles.





























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