Cumplir la ley
Resulta una obviedad hablar del cumplimiento de la ley. Por su propia esencia, es de obligado cumplimiento. Sin más; salvo, que quieras buscarte algún problema con las autoridades responsables de ello. No en vano, quienes acceden a un cargo público, sea de designación sea de elección, juran o prometen cumplir y hacer cumplir las leyes. Así, ninguna controversia al respecto. No obstante, también en este asunto, surge el largo trecho que media entre lo dicho y lo hecho.
Ejemplos, relativos a asunto que es objeto de esta reflexión, se podrían citar bastantes. Vayamos por partes. El que algunas de las leyes no se cumplan, de las surgidas años atrás desde el Parlamento del Estado, hace que se presente un rasgo común entre todas. Que en su momento, quienes ahora tendrían que desarrollarlas y mantenerlas activas, no estuviesen de acuerdo con las mismas. Dicho de otro modo, votasen en contra. Es una de esas causas. Ahora, cuando tendrían que velar por su cumplimiento, podemos contemplar cómo hacen la vista gorda o las mantienen asfixiadas, por no poner los medios para que su cumplimiento se normalice.
Existe otro motivo, que tampoco es una novedad. Quienes las promulgaron en su momento, por disponer de mayoría suficiente para ello, olvidaron una vez más instrumentar los medios económicos para el desarrollo legislativo de las mismas. Ya surgió con la LOGSE, que en principio presentaba cierto atractivo, sin embargo olvidaron – mejor no quisieron, pues se les dijo – disponer de una ley de financiación que permitiese su implantación sin tener en cuenta el color político de quienes se hospedaran en La Moncloa. No olvidemos, en aquella ocasión la ley se publica en 1990, que en plena implantación perdió el gobierno el PSOE en favor del PP. Contrario a la referida ley.
Si de la época de Felipe González quedó algún vacío por falta de financiación, o mejor, de previsión de esta, algo así viene sucediendo con muchas de las leyes que surgiesen durante los mandatos de José Luis Rodríguez Zapatero. No es que no lo supiesen, pues ya tuvieron una anterior experiencia durante los mandatos de Aznar, así que volvieron a incurrir en el mismo error. La mayor parte de las leyes publicadas durante el mandato de aquel, han ido decayendo con la llegada de M. Rajoy a La Moncloa. Algunas, por haber iniciado su andadura coincidiendo con la tan traída y llevada crisis económica, ya comenzaron con cierta deficiencia. A nadie debe escondérsele, salvo que quiera hacerse el sueco, que la ley de la dependencia requiere de una adecuada financiación si se quiere que sea una realidad. Vamos, que no sea mero fuego de artificio. Pues miren, a quienes tienen que hacer de la ley realidad, dotándola de suficiencia económica para su desarrollo, no.
Algo similar acontece con la Ley de la Memoria Histórica, incluidas como hemos visto sus deficiencias, si se desea hacer de ella un texto progresista y eficaz, viene necesitada de una financiación suficiente para poder abordar todas las necesidades inherentes a su aplicación. Alguien piensa que todos y cada uno de los asesinatos que se produjeron durante los primeros años del régimen surgido del golpe de Estado del 18 de julio, y sus ubicaciones en enterramientos comunes y sin clara ubicación, podrían resolverse sin la ayuda de la financiación. Es evidente, pues muchas de las fosas que se han abierto, lo han sido por la financiación de las personas interesadas, junto a los gastos sufragados por algún sindicato extranjero. Mientras, quienes ahora son responsables del cumplimiento de la norma, no solo no lo hacen sino que, mostrando un escaso rigor y elevada falta de respeto, achacan el interés de quienes están pendientes del cumplimiento de la norma a cuestiones económicas.
Nada digamos de la ley de igualdad, esa que preconiza la paridad en los órganos. Lo de la comisión de codificación del Ministerio de Justicia, pone en evidencia el interés de los unos y los otros, en la aplicación de la misma. Nada añadiríamos si continuásemos con la nómina de normas que tienen una escasa aplicación, llámese, entre otras, a la de violencia de género. A pesar, de ese pacto al que se sumaron, de cara a la galería quizá, todas las fuerzas del Parlamento. Mientras, las cantidades pactadas, no aparecen por ningún lado. Claro, que no se han aprobado los presupuestos. En fin, así nos luce la calva.





























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