Europa y España a través de cristales empañados de miserias políticas

Opinion

juanantoniosanchez2014buenaSolo tenemos que bucear en las redes para saber que los días nueve de mayo se conmemora el Día de la Unión Europea. Me resulta curioso que cuando anhelábamos ser integrantes de la misma, nos consideraban aspirantes de segunda categoría y ahora, a pesar de un protagonismo más o menos elucubrado por las mayores potencias del continente, sigamos siendo esos ciudadanos del sur de una UE cada vez más vetusta en sus posiciones tanto políticas como económicas y ciertamente dependiente de todo lo que suene, resulte o considere puramente americano. Es decir, igual que al comienzo, con la capacidad intacta de sabernos protegidos por los fuertes brazos del amigo yankee pues al fin y al cabo, somos entes afines con intereses en nuestro territorio.

La historia ha venido a dar la razón a los más escépticos, aquellos a los que llamaban incrédulos con ligereza por no fiarse de las políticas reformistas venidas de Berlín y la complicidad de Francia como fundadores de primera en una Unión Europea con ánimo de recoger en sus redes cuantos países estuviesen dispuestos a plegarse a sus normas. Todo era presumible de ser considerado indispensable para atacar divisas fortalecidas con el paso de los años, la cuestión era sumar para de esa manera buscar no solo dependientes de unas normas para todos, sino focalizar el problema que pudiese devenir de la fluctuación de los mercados internacionales; hasta se llegó a frenar la fuerza del dólar con un euro avasallador que a la postre, cayó con estrepito llevándose por delante la economía de nuestras familias al ritmo de las tijeras del recorte empuñadas por el Gobierno con la presión de sus valedores en el Consejo Europeo.

La Unión Europea está de horas bajas, tras el inoportuno cambio de aptitud de los ingleses, una salida cercana que significará un cambio notable en la lista de la compra y los precios de la Bolsa, nos vienen a dar de lleno con la escapada de tratados internacionales por parte de EEUU, producto de la política proteccionista de su líder. La preocupación razonable de la UE ante la avalancha de incumplimientos de la potencia estadounidense no admite lugar a dudas, Europa se empequeñece ante la ofensiva americana y el dólar resurge de las cenizas bélicas de un presidente obstinado.

Ya no podemos fiarnos ante la patente debilidad de Europa, la gran camarilla de naciones con el propósito de desplazar el dólar se está derrumbando, cogiendo debajo a los más indefensos sin una coraza económica lo suficientemente fuerte como para resistir sin caer del todo, o sencillamente, verterse en elogios al líder estadounidense a pesar de sus delirios patrióticos y sus malas artes diplomáticas. Fue el Gobierno español bajo la influencia de Alemania quién claudicó y provocó la crisis económica dando rienda suelta a cantidades obscenas de capital de sus bancos en lo que se vino a llamar la burbuja inmobiliaria; la causa principal de que los ciudadanos y ciudadanas españoles gastaran enloquecidamente los recursos que primaban, sin una administración consistente que dijese lo contrario. No es quién gastó el culpable, como vienen a decirnos en cada ocasión que se menciona el desastre del ladrillo, más bien el inductor de la debacle fuese la mala praxis política y el instrumento una sociedad que veía como su calidad de vida y su bienestar social ascendía a posiciones inmejorables.

Apostamos todo a una sola carta, dejamos sin salida de emergencia la huida hacia otros mercados y creímos que ser integrante de la UE ya era suficiente regalo para nuestra economía; pero no pensamos en la deuda que contraeríamos con ello, en el freno a nuestra competitividad y en la regulación de los productos que el resto de países siempre envidió. Segmentamos en cortos márgenes el beneficio de nuestras empresas y los pequeños comerciantes, las Pymes, sufrieron las consecuencias de la llegada incontrolada de las grandes superficies. Se abarató el producto al mismo compás que los salarios y con ello, se marginó el conocimiento, la formación y la oportunidad de acceso al empleo a nuestros nuevos profesionales

Y ahora nos dicen que derrochamos sin calcular ahorro, que fuimos unos inconscientes al no pensar en que todo era mero humo proveniente de una situación momentánea y que de haber sido más previsores, las penurias de las familias nunca hubiesen llegado a niveles que ahora sufrimos en una gran parte de nuestra sociedad. Lo que nunca dirán es la ingente cantidad de dinero que se llevaron a sus bolsillos personajes de alto calado político, empresarios forjados a ritmo de billetera e innumerables actos de desprecio al conjunto de la sociedad española que ahora van saliendo a la palestra judicial en montones de casos abiertos producto de su avaricia.

¿Quién pierde en esta batalla de estrategias políticas, malicias, engaños, falta de honestidad e invisible nobleza? Como siempre es el ciudadano, el sufridor del lastre agónico de inmisericordes personajes de fábulas miserables vestidos de político, gallardos de pacotilla que aun así, algunos todavía salen airosos de los pleitos mantenidos mientras una buena cantidad de colectivos sociales se ven cada día más vulnerables, el paro cambia de índices pero no de porcentajes y la Ley de Dependencia depende aún más de las promesas realizadas en cada legislatura.

Limpiando las lentes de tanta ponzoña en el ambiente me eximo de todo tipo de responsabilidad futura que pudiese acarrear la continua amenaza del ser humano sobre la Tierra que nos mantiene y el aire que respiramos. No es entendible en la época actual como se puede dar tanto poder a unos pocos para dirigir la nave que nos transporta en la vida cotidiana; depender de iniciativas bélicas, imperialismos añejos o supremacías políticas o étnicas es recalcular el final del mundo que conocemos. La paz no parece existir en las agendas apestadas de ínfulas, amenazas u opresión y es está Europa que nos acoge, la que pensamos que uniendo sus territorios atraería algo de tranquilidad a las sociedades que la integran la que debe construir un escudo contra la opresión, una línea de atención demarcando los riesgos de que la ofensiva del terror nos afecte y unos instrumentos políticos y diplomáticos para que la paz se asiente en nuestro mundo.


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