Siria

Opinion

leonilojulio2017El reciente ataque de una coalición americanogalobritanico – si se me admite el palabro – ha puesto de manifiesto, una vez más, una certeza: la primera víctima en las guerras es la verdad. Con Siria, como antes sucediese con Iraq y más tarde con Libia, estamos comprobando cómo no podemos creernos lo que allí está aconteciendo. El motivo, a nadie le resulta novedoso a estas alturas, castigar al régimen sirio por el ataque con armas químicas a su propia población. Y ahí surge la duda, en si realmente ha habido un ataque con armas químicas. Si esas imágenes, que inundaron las redes sociales, son reales o simuladas. Precedentes hay.

Me viene a la memoria, a propósito de las armas químicas, aquellas armas de destrucción masiva que tenía el régimen de Sadam Hussein. En esa línea, acordémonos de aquel militar norteamericano, metido a tareas políticas como Secretario de Estado. En aquella sesión de la ONU, de tan infausta memoria, pudimos ver cómo presentaba al mundo, como prueba de las armas de destrucción masiva, un bote que bien pudo ser de algún perfume francés. Tampoco se puede olvidar cómo el señor Aznar, a la sazón presidente del Gobierno del Estado, nos contaba con un inmejorable acento texano: “estamos trabajando en ello”, cuando fue preguntado sobre las desgraciadamente famosas armas de destrucción masiva. Para un tiempo más tarde, mirando a las cámaras como si con ello se introdujese en la mirada de quienes le veían, soltó el: “créanme, hay armas de destrucción masiva”

La búsqueda de las inexistentes armas de destrucción masiva, si alguna relación tuvo con la destrucción fue con la de Iraq. Arrasaron un país, y lo peor sus antigüedades, junto al elevado número de muertes que fueron dejando a su paso. Por cierto, entre ellas la vida del cámara español José Couso, al que asesinaron las fuerzas norteamericanas sin que hasta la fecha se haya hecho justicia.

Más tarde le tocó a Libia, cuando Gadafi dejó de serles útiles. Después de acabar con el Estado y destruir el país, ahora quieren convertirlo en la Aduana europea para el control de las migraciones. Migraciones, no lo olvidemos, que vienen huyendo de las guerras emprendidas en esos países – por espurios intereses – las coaliciones multinacionales. De Siria, la destrozada y depauperada Siria, llegan hasta Libia, por encontrar problemas por otras entradas, para salir del infierno que se les ha ido generando en sus países.

Pues bien, ahora le toca a Siria. Lo malo no es que la hayan ido arrasando de modo paulatino, expulsando a quienes allí desarrollaban sus proyectos de vida. Esa cuestión, a pesar de ser una gran desgracia para quienes allí viven, viene acompañada de una exacerbación del conflicto en la zona. Serán otros los países que continuarán incendiando el inevitable avispero de Medio Oriente. Al tiempo.


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