Hace ya unos meses, una tarde de septiembre, volvimos a descubrir el Camino El Carril. Hoy es una estrecha calle con coches aparcados a un lado; antes, un camino polvoriento que mucha gente transitaba para llegar antes a Montaña Cardones o a las fincas de plataneras. Pero ahora, las altas paredes y los invernaderos no solo han escondido los cultivos, sino que los caminos se han ido cerrando. Por allí tratamos de llegar a El Melero; pero todo fueron dificultades. Los más jóvenes ni siquiera habían oído ese nombre; y los viejos hablaban de rutas desaparecidas por carreteras y fincas rodeadas de altos muros. Pero El Carril mantiene la tranquilidad de siempre.
Con esa sensación nos marchamos del lugar que dejó de ser, por fin, una simple señal de tráfico.






























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