El escrupuloso respeto al futuro requiere de atención política suficiente
La virtualidad de los Presupuestos Generales del Estado para el presente 2018 no admite demasiadas alegrías, más bien todo lo contrario, aboca a la miseria a quienes ya están en la pobreza extrema o en evidente riesgo de exclusión social. Somos millones de españoles y españolas los que habitamos este país y de ellos, tan solo viven unos pocos millonarios, algunos con la suerte por bandera, un puñado de espabilados que supieron invertir sus ahorros y una amplia, pintoresca y variada colección de representantes políticos que sin dudarlo, se agarran al poltrón de su comodidad en lugar de atender con cierta honradez la regeneración progresiva de la calidad de vida de los que les pusieron en semejante lugar de privilegio y que ahora, ven escépticos la poca relevancia de los programas electorales que juraron convertir en realidad durante su mandato, de la apatía por buscar acuerdos con los agentes sociales o la oposición, obcecados en debatir quién es o no el más honrado mientras se suceden las tramas, argucias y goteos sospechosos por todos lados.
Es desconsiderada la descompensación de recursos en las diferentes partidas presupuestarias, admiten cierta ironía lo del aumento en Defensa tal vez por el miedo a que nos ataquen nuevas alergias sociales. Es inadmisible el recorte en sanidad, la paupérrima escasez de medios en Educación, la desatención del I+D+i, la dejadez en admitir que la Reforma Laboral ha dejado en un vacío de aspiración de progreso a los universitarios una vez conseguido terminar sus estudios con esfuerzo tanto de ellos y ellas como de sus familias; encontrándose ahora con un salario precario con una jornada imprecisa y una oportunidad para demostrar es conocimientos en bien de la sociedad más bien utópica.
La indulgencia sostenida de la sociedad española para con la clase política se sitúa en un lugar predominante de la sinrazón, tal vez venida de la falta de propuestas de la misma y enredada en una batalla por el poder más que en una lucha por el bien de la ciudadanía. No se hace política en nuestro país desde la añorada Transición, esa que nos confirmo en un lugar relevante de la élite social mundial que se caracterizó por la complicidad de las ideologías y la nulidad del arraigo partidista para edificar una nueva vida de libertades y progreso de país hasta entonces segmentado.
El tan popular “y tú más” arrastra muestras evidentes de que la jerarquía política una vez logrado el poder es capaz de darse la vuelta, mirar hacia otro lado o meterse en sacos a la espalda cualquier causa o motivo que asalte su liderazgo. La falta de ética y la aparición del cinismo se alimentan de la escasez de programas y en esa tesitura el que sale siempre ganando es el que tiene la sartén por el mango, el que a pesar de todas las muestras de ilegalidad justificada o el número de personajes de sus filas imputados por delitos de fraude social no se dan por aludidos y sacan pecho a pesar de todo en sus apariciones públicas.
¿Hasta qué punto va a seguir permitiendo la sociedad española ser el hazmerreír de la clase política internacional en sus corrillos privados? ¿Cuándo seremos capaces de situarnos como país de futuro económico con la fortaleza de nuestro mercado laboral? ¿Qué busca la élite política nacional con sus regates a la realidad del problema en el descenso de natalidad, la falta de recursos familiares, la ocultación de la Ley de Dependencia o el uso de la mentira propagandística como viejo argumento de esperanza? Es imperativo reflexionar sobre la validez de nuestros votos, sobre el poder de las elecciones y el valor de nuestras peticiones. Lo que no se puede es hacer milagros, pero en política se ha demostrado a través de los siglos que se pueden hacer cosas buenas, que se puede legitimar factores resolutivos en época de declive económico sacando a relucir el sentir de la ciudadanía para enfrentarse a situaciones difíciles.
Estamos arrinconados entre la penuria económica y el fracaso laboral, inmersos en un desenlace de escaso recorrido que no deja lugar a dudas a la hora de enfocar la grieta cada vez más ancha, entre las diferentes clase sociales del país. Lejos quedo el Bienestar Social de las familias, en el horizonte del desastre bancario se sucedieron los hechos más lamentables de nuestra democracia, el que convirtió en pobres a aquellos que sin tener demasiado, disfrutaban de una Calidad de Vida digna y esperanzadora para el futuro de sus descendientes. Ahora todo es negro como los agujeros de la Galaxia, desconocido futuro el que nos espera de seguir aumentando el desenfoque de la política, vertiendo de especulaciones los liderazgos y confabulados en una dinámica de ineptitudes alarmante.




























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27