La sociedad quiere sentir para creer sin desconfiar
Tras el derroche de ineficacia promovido por las fuerzas de izquierda perdiendo la posibilidad de afrontar una nueva etapa de Gobierno alternativo al de Mariano Rajoy, las cosas del socialismo siguen de la misma manera. Podemos afirmar que el protagonismo de parte de algunos dirigentes del PSOE se une al partidismo de una de sus vertientes y el protagonismo de otra, sumando con ello una inapropiada aptitud que sea lo suficientemente apetitosa como para liderar un cambio a corto plazo; nada bueno en sus aspiraciones y que demuestra una vez más la escasez de compromiso de sus dirigentes para con la sociedad.
La postura continuada de negativas a todo lo que aparezca por la otra formación que en su día obtuvo un premio de valor en las urnas a pesar de su novedosa vida política no hace presagiar nada más allá de unas nueva siglas entre los tres escalafones de representación política pasados. Puede, tan sólo puede, Ciudadanos obtenga un resarcimiento a su caprichoso espacio político en las cercanías de una derecha conservadora para pasar a su desconocida para la mayoría de unos votantes que se vieron desamparados por la política del PP ideología ahora exenta de cualquier profunda medida con la que despertar la desconfianza ciudadana.
Toda esta situación nos otorga el posible ya no presagio, sino certeza de que tendremos PP para rato si esto no se soluciona con diálogo entre los partidos hoy en la oposición; mejor no se lo podían haber puesto al Sr. Rajoy ni en sus mejores sueños. Callado, inerte a todo tipo de argumentos que se le presenten como iniciativas a su política de austeridad, altamente confirmado en su liderazgo y bajo el abanico de supersticiones políticas de la sociedad no duda en vanagloriarse de ser quién forjo las bases del crecimiento económico, el que abasteció los mercados de trabajo y atrajo la simpatía de las instituciones europeas.
Patética, esa es la esperanza de las clases sociales que sufren el recrudecimiento de sus males, la que no ve el fondo del pozo de la falta de recursos y considera inútil votar a alguno de los representantes actuales por su falta de programas electorales lo bastante creíbles como para elegirlos en las próximas elecciones municipales y autonómicas del ejercicio que con la determinación del paso del tiempo tenemos ya encima de nuestras cabezas.
Parece no importar el significado de “pacto”, los acuerdos a los que deben llegar las formaciones en liza de nuestra política actual, cumpliendo estrictamente lo que en ellos se disponga. Las formas no son adecuadas ni los modos aparentes para aspirar a una regeneración de la política, para construir un edificio con pilares fuertes fabricados de Educación, de cambios constitucionales ya obsoletos, del amparo de unas pensiones dignas de acuerdo con el nivel de vida y un mercado laboral que confluya en las arcas de retribuciones futuras. Todo ha resultado ser más fácil para el actual Gobierno, dejar el baúl de las pensiones con telarañas, abandonar la Enseñanza por el egocentrismo de un ex ministro de Cultura, narciso de su figura y premiado por su trabajo con un empleo nuevo inventado a su medida. Destruir en lugar de crear empleo con la Reforma Laboral a la par que se generaban contratos basura y salarios irresponsables para potenciar la economía ciudadana y en contrapartida, se lucraron a los bancos y el capitalismo con nuevas fórmulas capaces de exprimir al máximo los bolsillos de los españoles y españolas que mirando de reojo, notaban la falta de recursos en sus hogares.
Ya es hora de que las cosas cambien, de que las exiguas fuerzas de la sociedad española vean insuflar ánimos para seguir adelante y constatar que el crecimiento económico no es por ahora tal y como el Presidente Rajoy declama en sus apariciones. La paz social es uno de los valores d los que ha hecho gala la sociedad española, la envidiada por otros y que ahora sirve de ejemplo para que no le suceda lo mismo a las de esos países que un día nos miraron con respeto.




























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