El Parlamento enmudece ante el sonido incesante de la calle

Opinion

juanantoniosanchez2014buenaLa objetividad no es precisamente el liderazgo de las ideas de los que quieren una España fuerte, ni el pragmatismo forma parte de su identidad, es más bien una analogía de un poder pasado en tierra de nadie.

No nos hagamos ilusiones por un éxito conseguido, ni preguntas indecorosas espoleados por la recientes manifestaciones a favor de los derechos e igualdades de las mujeres con respecto al hombre con la presencia de los sindicatos para hacer causa común de sus demandas; pues son estos los que siempre han condicionado su estructura desde que la historia se conoce del mundo sindicalista. ¿Ha habido alguna presidenta de algún sindicato altamente representativo? Es evidente entonces que desde sus raíces se intentó instaurar el protagonismo del hombre dependiendo de ellos las libertades salariales, los contratos laborales y las denuncias o demandas reclamadas por la mujer a lo largo de los años.

Lo rancio es obvio en la política actual, volvemos a sufrir una oleada de extremismos basados en la reciprocidad del protagonismo mutuo, asaltados por un vanguardismo inestable confundido entre las diferentes filas que envuelven las formaciones políticas. Lo típico parece ser la idea de repartir el poder en lugar de asaltarlo, es decir, compartir el espacio de la legitimidad representativa en contra de la adecuación de programas a las necesidades sociales de la mayoría y en contraposición a la ideología planteada en el Parlamento.

La reflexoterapia es indudable que no campea en las carpetas de los políticos, es más, diría que brilla por su ausencia conformarla en iniciativas con resultados propios de las demandas sociales y se queda en una bonachona sugerencia no exenta de ironía en las declaraciones solícitas de los máximos representantes de los partidos. Se oía el final del bipartidismo y parece ser que también el socialismo era señalado como poco sugerente y sin embargo, la derecha se representa de diferente manera y el Partido Socialista intenta salir como puede de su calamitosa situación, absorto por plantear en la mesa de las demandas su verdadera idiosincrasia con el pueblo para servir de contrapunto a la fuerza de una derecha más fuerte, por mucho que digan de nueva apertura centrista que atrae nuevos votos a su causa mientras el actual Gobierno del PP suspira por su tardanza en poner medidas y no quedar relegado en las próximas elecciones. Una pésima legislatura para la sociedad que está acumulando infinidad de situaciones desfavorables para el progreso del país agotando la paciencia de la ciudadanía. Los socialistas congelaron las pensiones cayendo en el caos electoral y los populares siguen apelando a la herencia de estos para mantener el poder adquisitivo muy por debajo de las prestaciones sociales o las pensiones; en definitiva, una congelación encubierta bajo el hielo de la austeridad.

Queda mucho por hacer para salir de la crisis, por más que el Gobierno se obceque en dar imagen falsa de prosperidad. Los pensionistas sufren un abaratamiento de sus pensiones, el 0,25% del que tantos e jactan en difundir con sus cartas es una mera treta imaginativa que a nadie ya engaña; los médicos y profesionales de la sanidad reclaman con derecho unos sueldos dignos y unos contratos acorde con la demanda social; los profesores sufren las iniciativas de unas leyes lanzadas a las autonomías en su contra por parte del ministerio y los funcionarios, una vez prosperado en parte las peticiones de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado equitativas a la de la policía autónoma, piden su parte en la tarta con las mismas atribuciones en los diferentes sectores del funcionariado sin variación por región.

Esa es la situación, lo que el trabajo precario y los contratos basura desatan en manos de un Parlamento que nada hace para sacar pactos, normas, incidencias o filtros de apoyo aalgo que no sean intereses partidistas. El Parlamento calla, el Gobierno miente y los ciudadanos y ciudadanos somos quienes tenemos que salir a la calle para decirles a estos señores y señoras que se vayan sino son capaces de crear y hacer política de la buena, de la que crea progreso y estabilidad social en un país como el nuestro y no protagonismo desleal a sus votantes.


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