“Nunca entendí del todo el extraño comportamiento de mi amigo. Los últimos tiempos se convirtieron en un ir y venir por las portadas de los periódicos y las televisiones. No sé cómo pudo llegar a esta extraña situación. La gota que colmó uno de los vasos fue la grabación clandestina que nos hizo en el balneario de Azuaje, donde la conversación distendida y relajada, y que luego dio a conocer de manera incomprensible. No sé qué pasaba por su cabeza ni qué necesidad tenía. Al cumplir cincuenta y cinco años le entró un desespero y un agobio incomprensibles. Un día nos dijo que ya no se le levantaba como antes y que había optado por joder a los demás: los primeros, nosotros, sus compañeros jueces. Y entró en un bucle envenenado del que aún no ha salido. Cuando hablo con él, no sé si dice la verdad o lo que imagina que es la verdad. Y anda el hombre enredado en un dilema del que no consigue encontrar la puerta de salida. Lo cierto es que yo tampoco le puedo echar una mano.
---Un día le contaré a tu mujer lo que haces--- me dijo.
Y dejé de verlo.”































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