Recordando a Ignacio Rodríguez Díaz, insigne galeno y amigo

Opinion

juandavilagarcia1No creo que cometa una falta de respeto o de inconsideración, si me atrevo hablar de Ignacio Rodríguez Díaz, un excelente profesional de la medicina, que destacó de una forma admirable en la práctica de la misma, especialmente en la rama de la pediatría, ya que nos conocimos en los años cuarenta del siglo pasado, cuando su padre conocido por Panchito trabajaba en la finca del Drago en Guía, y su madre Reginita vendía en Guía, la leche por encargo.

El y sus hermanos, y mis primos y yo, celebrábamos en la azotea de la casa donde habitaban, rodeada de plataneras, agarradas de lucha canaria, donde destacaba su hermano Pancho, -mayor que nosotros y por supuesto más fuerte-, y posteriormente nos íbamos al barranco a una pequeña cancha a jugar al futbol, recuerdo que a Ignacio se le daba muy bien este deporte, donde destacó especialmente por la gran velocidad que poseía.

Cuando inició sus estudios de bachillerato en el Colegio Santa María, ya residía en Gáldar, formaba parte de dos cursos superiores al mío, que siempre destacó por los excelentes estudiantes que formaban en el mismo: Sigfrido Calero, Antonio Santana conocido por Nono, Jesús Rodríguez Martín, José Nuez, Paquito Cruz, Roque Pérez Sosa, de Agaete, Pablo Martinon, Diego Velázquez, Humberto Estévez, etcétera.

Participamos en varios campamentos del Frente de Juventudes, donde destacaba por su capacidad en el ejercicio de la Educación Premilitar, alcanzó el grado de Jefe de Centuria en el curso que se celebró, en el Campamento Sancho el Fuerte, en Soría. A principio de la década de los años sesenta, ejerció en Guía como médico de la Seguridad Social, sustituyendo a, don Eugenio Estévez.

Cuando empezamos a reunirnos los ex estudiantes de Colegio Santa María, siempre asistía a estos eventos, mostrando siempre ese talante del que hizo gala durante toda su vida, una especie de bonhomía que lo convertía en un ser apreciado y estimado. Mi tío Cristóbal era muy amigo de su padre, y todas las tardes se reunían en el bar Trujillo en Guía. Cuando nació su hermana Mari mis tíos Cristóbal –ya citado- y Ramona, fueron los padrinos.

Al terminar el bautizo en la iglesia, nos fuimos todos a la casa de Panchito y Reginita, donde celebramos una gran fiesta. Cuando alguno de mis hijos se enfermaban, al igual que pasaba con mis nietos, lo llamaba por teléfono y sobre la marcha –a tenor de los síntomas que yo le manifestaba-, les recetaba con muy buenos resultados.

La desaparición de Ignacio Rodríguez, significa para Gáldar la perdida de un elocuente icono, donde no solamente primaba su excelencia profesional reconocida en toda la isla, sino también su enorme personalidad y caballerosidad, propia de un personaje de sus características, agricultor experimentado, aficionado a la pesca y a la ornitología, excelente conversador, todo un dechado de virtudes, las que poseía este admirado y estimado amigo.

No quiero terminar este pequeño homenaje a tan entrañable amigo, sin hacerles patente a su esposa, y al resto de su familia, mi más sincero pesar por tan irreparable perdida, y al pueblo de Gáldar por lo que significa el fallecimiento de tan eximio personaje, Descanse en paz.

 


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