“Mi tío Gumersindo emigró a Cuba un doce de mayo de 1931, un mes después de la proclamación de la República. Y no regresó. Dejó aquí mujer e hijo. En Cuba convivió con otras dos, en distintos momentos, y siempre trató de atender a sus hijos cubanos, repartidos a medias. En cambio, a su mujer e hijo canarios nunca les envió ni siquiera una carta en la que dijera aquello de “espero que con la presente estén todos bien”. Entre otras cosas, porque apenas sabía escribir y por su eterno carácter juerguista: fue el inspirador de la canción “Lágrimas negras”, nacida al socaire de los rones y daiquiris, que se pusieron de moda entonces. Una vez al año recalaba en el Tropicana, disfrazado de señor. Allí, en medio de las corcheas y semicorcheas y las bailarinas exuberantes, soñaba con la vida que nunca logró alcanzar. Hasta que un machetazo inesperado en la madrugada, en pleno cañaveral, lo devolvió a aquel 12 de mayo de 1931.”































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