Pensiones
Que las pensiones, el sistema que supone la solidaridad entre quienes están en activo y quienes no lo están, nunca gustó al neoliberalismo no es una novedad. Han sido, a lo largo del tiempo, diversas las estrategias para erradicar dicho sistema. Demasiado dinero el que no está en manos de la especulación. De ahí, que con mejor o peor fortuna, se hayan puesto en circulación diversas modalidades de planes de pensiones. Durante la vida activa, la persona va depositando una cantidad, en periodos y cuantías diferentes según el tipo al que se acoja, para con posterioridad solicitar su rescate en el momento de la jubilación. O, como quieren hacernos creer ahora, en momentos de dificultad económica. Hasta ahí, todo aparenta una cierta normalidad. No lo resulta tanto cuando comprobamos el uso que de ese dinero circulante se hace. Incluso, considerando la solvencia de quienes instauran el sistema, no siempre la más adecuada. Pueden verse, quienes depositaron su dinero y su confianza en ese supuesto plan, que las cantidades incorporadas se tornan evanescentes.
El sistema público de pensiones, con marcado viso de solidaridad intergeneracional, viene sufriendo fuertes embates en su línea de flotación. La popularmente conocida como hucha de las pensiones, fruto de un fondo reserva instaurado en momentos de bonanza económica, va desapareciendo de modo paulatino a raíz de los gobiernos de Rajoy. Quizá por aquello de acabar con lo de la herencia recibida. La reforma laboral, no solo ha tenido incidencia en el empleo, sino que ha hecho lo propio en los ingresos que se producen en la Seguridad Social, y por lo tanto, con la incorporación de fondos al sistema. ¡Qué casualidad!, podría pensarse si se tratase de una situación novedosa; sin embargo no lo es.
Las recientes declaraciones del presidente del Gobierno del Estado, siempre en su línea, vienen a corroborar algo ya sospechado. No es otra cosa sino el interés, ya sin disimulo, por acabar con el sistema público de pensiones en beneficio de los planes privados de pensiones. Las modificaciones en la regulación de estos últimos, favoreciéndoles, a todas luces marcan una tendencia sobre lo que nos vamos a encontrar en el futuro más próximo. Cuando nos acucia para que ahorremos, aunque resulte paradójico pues muchas familias son incapaces de llegar a fin de mes, nos advierte de esa situación. Pues los ahorros, si atendemos a su discurso (siempre con su característica elocuencia), podemos comprobar que tales ahorros tienen un destinatario: quienes gestionan los planes de pensiones.
Si otra grave amenaza se cierne sobre el actual sistema público de pensiones, esta no es otra que quien preside la comisión parlamentaria del denominado pacto de Toledo. Nada más arriesgado que poner un asunto en manos de quien no crea en ello. Ese es el caso de las pensiones, pues basta con escuchar esas también sesudas declaraciones, como para ponerse a temblar. Mucho me temo, no es necesario indagar demasiado para ello, que quien preside la citada comisión, no es ni de lejos la persona más indicada para su defensa. Entre otras cosas, porque su pensión como diputada la tiene más que garantizada y, si aún quedaba alguna duda, hasta hace unos años el propio Congreso realizaba aportaciones para un plan de pensiones privado para sus señorías.
Habrá que estar vigilantes y, por qué no, instar a que se derogue de una vez por todas la reforma laboral, no solo la del PP, sino también la de quienes les precedieron, el PSOE, para poder garantizar el futuro del sistema público de pensiones. Eso, y lograr un sistema fiscal más equitativo que el actual. Ahí, sin mucho más esfuerzo, se puede encontrar la vía para dar solvencia a las pensiones públicas. Sobre todo, para que quienes disfruten de ellas lo hagan en el más amplio sentido de la expresión.




























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