Turismo de calidad
Pletóricos de gozo andaban, como una sola persona, el primer edil del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y el presidente del Cabildo de Gran Canaria. La causa de sus alegrías respectivas rondaba en torno a la actividad deportiva acaecida el día 21 de enero. El referido evento, según los entusiasmados políticos grancanarios, logró atraer a tantas personas de orígenes diversos, que el índice de ocupación de los alojamientos hoteleros y extrahoteleros se aceraba al lleno. Se refería el señor alcalde, con expresión de satisfacción, a futuros eventos a celebrar en la ciudad, que dificultaban el alojamiento de quienes se sentían atraídos por tales celebraciones. Mostraba, en este sentido, su interés por paliar la situación pues, como expresaba, se pone en evidencia que aparece una tipología turística diferente. Demandan, en su opinión, algo más que sol y playa. De ahí su queja, por la falta de espacio donde alojar tal demanda.
En la misma línea que el alcalde, con idéntico alborozo aunque con estilo propio, se manifestaba el presidente de la entidad insular. En su caso, abogaba por la presencia de un turismo de calidad. Ahí me surgió una primera duda. A qué se refiere cuando hace mención al turismo de calidad. Si nos acercamos al término calidad, y cuando a personas se refiere (supongo que quienes hacen turismo lo sean), dice el DRAE: Dicho de una persona o de una cosa: Que goza de estimación general. También puede que se refiera, por qué no, a las instalaciones turísticas, que pueden presentar: Adecuación de un producto o servicio a las características especificadas. O la propia actividad, pues se trata de un servicio al fin y al cabo. Desconozco si en realidad hay o no general estimación por el turismo, tampoco si se adecúa a las características específicas, todo el turismo desarrollado en las islas, entendido como el conjunto de actividades relacionadas, incluidas las personas.
No obstante, me da la impresión, que no hacía referencia a tales cuestiones. Es más que probable, tanto en lo expresado por el Alcalde como por el Presidente, se estuviesen refiriendo al poder adquisitivo de quienes vienen en calidad de tales, de turismo se entiende. Sea cual fuere, lo que parece animar a ambos políticos, es el hecho del turismo como fuente de ingresos, que según parece pueda ser la única o más importante. De no ser así, no se entiende que no muestren la misma animosidad en la potenciación de otros sectores, quizá propiciadores de un mayor nivel de ingresos. No solo ello, sino con características más redistributivas. Porque si de algo adolece el sector turístico es de ello, de la escasa redistribución de los ingresos, cada vez más notables, que en absoluto redundan en quienes prestan sus servicios en el sector. Para muestra un botón: las camareras de piso y sus legítimas reivindicaciones.
Está muy bien el turismo, no voy a negarlo; pero con el turismo sucede como con la publicidad de las bebidas, que vienen acompañadas de la expresión: con moderación. Esto es, que habrá que moderar el esfuerzo dedicado al sector turístico pues, no debemos olvidar, que parte de los éxitos de la actualidad, son el resultado de la desgraciada situación de otros destinos, que tradicionalmente ha competido con el de Canarias. Supongo, que en algún momento por el bien de quienes allí viven, la situación acabará normalizándose y, con ello, la llegada del turismo, que no vendrá entonces a estas islas. Quizá habría que pensar más en ello, antes de echar las campanas al vuelo.



























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