Continuamente cruzamos nuestra vida con la de los otros, desconocidos o no. Y la calle, sin coches, se convierte en el camino por el que avanzamos. Una vida baja y la otra, en su juventud, avanza a ritmo de carrera, como deseando alcanzar la meta. De todas formas, la otra vida de la imagen también desea alcanzarla. Cada uno a su manera. Lo más probable es que ninguna de las dos personas de la fotografía se haya percatado de la presencia del otro. Así es. Así ha sido siempre. Caminamos, avanzamos, y ni siquiera vemos a quienes nos rodean. Claro, tampoco se puede estar en todo. Y el que esto escribe lo ha hecho porque la imagen le ha regalado el texto. Solo por eso.































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