Suele pasar en la política isleña, que la realidad supere a la ficción, y prueba de ello es lo sucedido con el alcalde de Firgas. La historia parece increíble pero desafortunadamente es cierta. Así que tenemos todo un alcalde que suplanta a su hijo en unas oposiciones, que da la espantada cuando se descubren los hechos, que después reconoce el delito y finalmente termina presentando la dimisión. Berlanga se hubiese puesto las botas.






























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