Descabezar
La situación en los distintos territorios del Estado, ya por un motivo ya por otro, continúa proa al marisco. O según algunos, en expresión argentina traída a Canarias: para las Chacaritas. Cuando la cosa aparenta sosiego, siempre puede aparecer alguien – sea de dónde sea – para evitar la tranquilidad de las aguas. En ocasiones aunque - las pinten calvas – dan la impresión de querer vivir en un permanente conflicto. Solo quienes andan con esa yesca, en continua actividad, es probable que posean explicación para tales hechos. El resto, como no sabemos tanto de sus manejos, hemos de continuar mirando hacia los celajes, mayormente por si llueve; evitamos así, que nos coja desprevenidos. La lluvia, pues de lo demás, de sus juegos de manos, ya veremos cuándo los acaban.
Cuando casi lo habían logrado, en ese instante en que todo el mundo comenzaba a admitirlo sin fisura; en el momento que formaba parte de la normalidad democrática; después de haber llegado al autoconvencimiento, restando incluso importancia a los recientes cambios en la Audiencia Nacional, nos vuelven a infundir dudas. Quizá no fuese sino una de esas bravuconadas propias de campaña, durante esos mítines en los que imitan a los monólogos de los cómicos; eso sí, con escaso humor. Sucedió durante la campaña de las catalanas; a esa que se acercan, con bastante frecuencia, quienes lideran los partidos de ámbito estatal. Fue ahí cuando la vicepresidenta, tan risueña para estas ocasiones, expuso cómo gracias a M. Rajoy y al partido que preside, habían descabezado a los partidos que promovían la independencia de Cataluña.
Si el término descabezar – se mire por donde se mire – presenta significados bastantes desagradables, tampoco parece conveniente para este caso. Si se refiere al encarcelamiento y huida de los líderes de los partidos que promovían el independentismo catalán desde sus respectivas responsabilidades de gobierno, en el sentido de haber dejado sin cabeza visible a ambas formaciones, resulta inadecuado. Si no estoy equivocado, o si nos han dicho las cosas tal y como suceden, tales hechos son fruto de la actuación de la Audiencia Nacional, de una parte, y el Tribunal Supremo de otra, aunque este último haya adquirido ahora un mayor protagonismo. A sendas resoluciones judiciales se debe el encarcelamiento, de modo preventivo o provisional, de algunas de las personas participantes en el proceso. La huida hacia tierras belgas, aunque no de modo directo, también lo es por evitar tales consecuencias inmediatas.
Todo este modo de expresarse, quizá sea fruto de haber confundido la dialéctica política con una confrontación entre enemigos. Haciendo un incesante acopio de términos bélicos, que transforman la mera discrepancia en un hecho insalvable. La realidad es bien distinta, pues cuando les interesa alcanzar acuerdos, bien que lo logran, sin que caigan y rueden cabezas. Y mejor aún, sin poner en entredicho la división de poderes, que fueron ellos quienes sembraron, en terreno abonado, la duda con sus chascarrillos.





























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