Cuando los turistas llegaron a la ciudad, todo lo fotografiaron, todo lo escudriñaron porque el tiempo apremiaba. Se encontraron con sus compañeros de edad en un idioma diferente y lejano. Seguro que ellos también celebran sus Fiestas de Mayores. De lo que se infiere que el ser humano es único y universal. Nos separan las lenguas, las tradiciones, las religiones. Pero somos los mismos en todos los sitios. Solo nos falta que la sensatez y la humildad también se universalicen, junto con el diálogo y la tolerancia. El mundo sería mejor. Mucho mejor.































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