Por caridad

Opinion

leonilojulio2017Cuando se acercan las fechas navideñas – ya se sabe, en fecha tan señalada – se incrementan las actividades encaminadas a la recogida alimentos (en ocasiones, también otros bienes de consumo) para aquellas personas de escasos ingresos, con las necesidades básicas no cubiertas. Con mayor concreción, podríamos referirnos a las campañas que organizan los denominados bancos de alimentos por un lado y Cáritas por otro, aunque si nos detenemos descubrimos ciertos vínculos entre ambas organizaciones. En torno a lo uno y a lo otro se organizan movimientos de voluntariado, personas que dedican su tiempo libre a dicha tarea. Nada que objetar pues, sin lugar a dudas, la realizan con la convicción de estar actuando en consonancia con sus creencias. Y cada cual tiene derecho a su propia fe, que diría el cantante francés.

Donde surgen las dudas, con mayor o menor intensidad, es en el hecho mismo de la necesidad recoger y, por qué no, el concepto que utilizan para fomentar la propia necesidad, que aparece en la página de una de esas entidades: “la palabra solidaridad es símbolo de unión para las personas”. Porque cuando de solidaridad se trata, a mi entender, no habrá de mediar la caridad; ni mucho menos, la desgravación fiscal que algunas de las empresas practican en su impuesto de sociedades. Cuando a la solidaridad nos hemos de referir, no debe mediar interés alguno. Cuestión que no parece tan clara en este tipo de situaciones. No me refiero, reitero por los mal entendidos, a quienes de manera altruista llevan a cabo tareas de voluntariado, nada más lejos de mi intención. Quizá, más que de solidaridad estemos refiriéndonos a la caridad. Aquí ya media algún tipo de interés. Para quienes tienen un rapto de fe, porque es una de las virtudes teologales; para quienes hacen concreción de la dádiva, porque sienten ese gozo de entregar algo que les sobra a quienes tienen notorias carencias.

Que existan, en el ya bien iniciado siglo XXI, personas que carecen de alimentos, o sin la posibilidad de adquirirlos por sus propios medios, conduce a un primer elemento distorsionador del concepto de sociedad avanzada. Sobre todo porque el artículo 1º de la Constitución – tan reconocida últimamente – establece que: “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.” Me pueden explicar dónde cabe, en ese artículo, la situación por la que pasan muchas personas, que se ven obligadas a ser sujeto de la caridad de otras.

La solidaridad, al menos en mi opinión, carece de razón cuando, a quienes están sometidos a la necesidad, lo padecen por un uso nefasto de los recursos del Estado, el social y democrático de Derecho. Porque cuando se trata de dar limosnas a quienes no tienen los mínimos indispensables para vivir con un cierto grado de dignidad. Dignidad que acaba yéndose al traste por el simple hecho de conservar un hálito de vida por caridad. No cabe poner en entredicho, si se aborda desde cierto rigor el asunto, que una de las causas de tal situación pasa por la nula solidaridad a la hora de la tributación. Ahí sí se evidencia la misma y no, cuando se usan múltiples y variados artificios fiscales para eludir el pago de los impuestos. En un Estado redistributivo, piensen en ello, no tienen cabida estas organizaciones practicantes de la caridad.


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