De aulas inclusivas a aulas inclusas
La atención a la diversidad es justa y necesaria; nadie discute la necesidad de las adaptaciones curriculares. En algunos niveles, sobre todo en los no obligatorios, en bachiller, nos cuestionamos la necesidad de planificar un aula inclusiva.
El objetivo de estas aulas inclusivas consiste en garantizar que todos los alumnos sean aceptados con igualdad, reconocidos por lo que cada uno tiene que ofrecer a la comunidad educativa y se les ofrezcan las adaptaciones curriculares y las ayudas necesarias para que su aprendizaje sea satisfactorio. También se debería valorar que todos el alumnado se sientan acogidos y seguros, apoyarles tanto en el plano educativo como en el social y que aprendan a respetar a los otros y a si mismos.
Supuestamente, el aula inclusiva se consigue mediante la participación de los padres, profesores y alumnos lo que supone capacitar y dar responsabilidad y voz a todos los componentes de la escuela para que participen en la construcción de una comunidad positiva dentro de ella.
La realidad es que los diversos proyectos aplicados, Diversificación Curricular, hoy PMAR (proyecto de mejora del aprendizaje y el rendimiento), han facilitado la titulación en secundaria de un alumnado que no han adquiridos el perfil adecuado para estar en bachiller. Con sus actitudes y aptitudes provocan una situación de clima aula inclusa, que alberga a niños abandonados por el sistema educativo, con todo el alboroto que conlleva, “quemando” al profesorado.
Las inclusas o casas de expósitos eran establecimientos de beneficencia que albergaba y criaba a los niños expósitos, los santaneros de Gran Canaria, por la madre de María y su advocación en la catedral de Santa Ana.
Las aulas inclusivas, en cierto grado, han generado aulas inclusas en bachiller. Los más perjudicados son el alumnado que desea progresar y estudiar en una facultad o ciclo superior, por culpa de esos niños y niñas recogidos en el aula inclusa.
El sistema educativo y los centros educativos deben ser inclusivos. El alumnado que ha titulado y no tenga el perfil de bachiller debe disponer de plazas suficientes en los ciclos de grado medio para desarrollar sus perspectivas profesionales.
El bachiller no debe ser un aula de acogida de alumnado rechazado en su matricula por la formación profesional, no debe ser un aula inclusiva. El bachiller no es una guardería, pero hoy en día es un aula inclusa.



























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