Ineptitudes

Opinion

leonilojulio2017Para desgracia de quienes padecen determinadas agresiones, las situaciones vuelven a emerger cuando menos te lo esperas. Ese es el caso de la violación múltiple que se produjo – con todas las presunciones que se quieran introducir – durante la celebración de los sanfermines del pasado año. No sé si ese tipo de trance se puede olvidar, me refiero a la víctima, no obstante si pudiese ser así, cuando la justicia se incorpora a un suceso, difícilmente se puede olvidar, o al menos no tener siempre presente. Cuando se pasa por un hecho de las características de una brutal violación, tal y como denunció la víctima en su momento, seguramente lo mejor que le podría suceder es poder mantener alejado de la cotidianeidad ese ingrato recuerdo. No me refiero a que lo olvide de modo definitivo, pues supongo no sea tan fácil, que siempre quede un poso en cualquier espacio oculto del pensamiento. Estoy haciendo referencia a poder normalizar el día a día, sin que la losa pese más de lo necesario.

Supongo, porque no lo sé a ciencia cierta pues no lo he escuchado a la afectada, que tal fue lo acontecido con la actividad posterior de la víctima. Intentar introducir algo de sosiego frente a tanto desatino. No se olvide, parece que sí se ha hecho tal, lo expuesto por uno de los agentes de policía sobre su estado de choque. Según refirió, no se trataba de una simulación (de esas en diferido a que nos tienen acostumbrados otras personalidades), sino de una situación real sin duda alguna. Se habrá de suponer, una vez superadas las primeras horas, que lo más cabal es recuperar la normalidad. Esta normalidad que parece molestar a quienes han dedicado su dinero a hurgar en la vida privada, por mucho que sean publicaciones en una red social, para desacreditar a la víctima. No al grupo de victimarios.

Hay que ser muy inepto para pensar, si es que se tiene tal capacidad, que cuando alguien dice no, ese no, no merece ser respetado. En el sentido de entenderlo como una desautorización para cualquier actividad. Nada más lejos de la realidad pensar en lo contrario. Entre personas adultas las relaciones, sea cual sea la naturaleza, habrán de ser consentidas. Lo otro, aún con un cúmulo de presunciones, se trata de una relación donde media la violencia. Y si media la violencia, se trata de una violación.

Abundando en ello, se necesita una enorme ineptitud para pensar, con las debidas cautelas en cuanto a ello, que alguien pueda sentir placer en dejarse penetrar por un grupo de verracos con un espirituoso reboso de testosterona. Quizá en el imaginario de todos y cada uno de los componentes de ese grupo, que se autodenomina la manada, tal situación es plausible. De ser así, tendrían que hacérselo mirar, porque es una situación de escaso encaje.

Cuánta ineptitud se cuece cuando alguien se considera formando parte de una manada, es decir de un grupo de animales, desconociendo que tal actuación no es propia de los animales pues, a pesar de que salgan a cazar en grupo, no está en su objetivo ese tipo de piezas pues, sabido es, solo el macho alfa logra que su semen sea el que sirva para perpetuar la especie. Lo demás, ignorancia que es sinónimo de ineptitud.


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