“En aquellos días no me encontraba; padecía una angustia inexplicable que me paralizaba. Entonces me miré en el espejo y a través de él logré, punto a punto, terminar el cuadro. Y lo utilicé porque desde él la realidad se me presentaba diferente. O, al menos, eso creía. Cuando logré acabar el puntilloso cuadro, ya habían pasado dos meses en los que logré espantar a la tristeza y al desconsuelo. Va a ser verdad que el tiempo lo cura todo. O casi.”































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