Y mientras en el Gobierno regional siguen con las promesas de siempre, con urgencia no declarada y con licitaciones sin licitar, hay que cruzar los dedos y rogar a los dioses para que el invierno sea benévolo y que los desprendimientos en el Faneque sean de poca importancia. Y es que desprendimientos, en cuanto lleguen las lluvias, seguro que los habrá, pero hay que rogar para que no sean de altura y la carretera no se cierre, porque si se cierra, con primera fase de nueva carretera recién estrenada, La Aldea otra vez, estará aislada.






























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