Caminando por arenas movedizas
“Me despierto por la mañana y no me quiero levantar, la jodida luz del día me causa malestar, prefiero que llueva y los cielos grises, así el tiempo está como yo me siento por dentro, lo único que me apetece es cerrar las ventanas, correr las cortinas, meterme en la cama y que pase este dichoso día. Cada día me pregunto porque he llegado a estar así, como puede ser que el mundo siga girando y yo permanezco inmóvil, todos siguen con sus vidas felices, llenas de alegrías, de tantas cosas por hacer, y yo sin ganas de nada, parece que camino sobre arenas movedizas, mientras más trato de salir, más hundido me encuentro, al final acabo exhausto y de tanto pelear, estoy asfixiado, noto tanta presión en mi pecho, el corazón me va a explotar, la cabeza no para de darme vueltas y no sé qué puedo hacer”
Esto no deja de ser una ficción inventada por mí, pero es el pensamiento de muchas personas que ahora mismo pasan por una depresión.
La depresión es un trastorno del estado de ánimo, pudiendo aparecer desinterés, tristeza, desmoralización, disminución de la autoestima y puede presentar pérdida del apetito, disminución del peso corporal, astenia, alteraciones del sueño con periodos de insomnio y de somnolencia, etcétera.
No debemos confundir la depresión con los episodios de tristeza pasajera o frustración, que se consideran como una reacción natural de la persona ante acontecimientos negativos como las situaciones de duelo por la pérdida de un ser querido, divorcios o separaciones.
Se pueden presentar síntomas depresivos ante situaciones que conlleven un fuerte estrés, ya sea de tipo laboral, económico o de relaciones interpersonales, que podrán pasar a partir de que desaparezca el desencadenante del estrés; es lo que se denomina trastorno adaptativo con estado de ánimo deprimido.
Igualmente hay que descartar las depresiones secundarias, que son aquellas que muestran síntomas depresivos pero que tienen su causa en problemas somáticos o están provocados por ciertos medicamentos.
Las depresiones son un problema muy frecuente, en ocasiones los pacientes nunca han sido diagnosticados ni tratados como tal, otros por el contrario abandonan el tratamiento antes de lo recomendado, lo que origina una recaída, y un aumento de posibilidades de que el trastorno se vuelva crónico.
Existen diversos factores que influyen en la depresión: Factores genéticos: La presencia de antecedentes de depresión en el ámbito familiar cercano (padres y hermanos). Factores fisiológicos: La aparición y cronificación de la depresión se ha relacionado especialmente con un descenso de los niveles de serotonina a nivel de las uniones neuronales. Por este motivo, en el tratamiento de la depresión se emplea en ocasiones un grupo de fármacos, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, cuya función consiste precisamente en modificar los niveles de serotonina que se encuentran alterados en estos pacientes. Factores personales: Existe un porcentaje significativamente mayor de depresión en mujeres que en hombres. Entre los 35 y los 45 años es la de mayor incidencia de depresiones. El embarazo y el posparto son etapas vitales de la mujer con un mayor riesgo de aparición de depresión debido a las alteraciones hormonales sufridas. Factores ambientales: Se consideran potenciadores de la aparición de este trastorno todos aquellos que son negativos para la persona (estrés, ansiedad, incapacidad de encauzar los problemas...) en cualquiera de sus ámbitos personales (laboral, familiar...), en especial si la persona se encuentra además en una situación de dependencia o consumo habitual de alcohol, tabaco, drogas, etcétera. Una situación de escasas o nulas relaciones interpersonales potencia especialmente estos factores.
El tratamiento dependerá de cada persona, el paciente debe iniciarlo siendo en casi todos los casos una acción combinada de terapia farmacológica con apoyo psicológico. Es muy importante que antes de que el paciente comience cualquier terapia, sea informado por su médico de la duración del tratamiento, los beneficios que se van a intentar alcanzar, y los efectos secundarios que se pueden desarrollar a lo largo del mismo.
Otros tratamientos son: la autoayuda guiada, su objetivo es que los pacientes adquieran capacidades de autocontrol y manejo de la sintomatología de este trastorno. Se emplean tanto soportes bibliográficos, como materiales digitales. Aunque se ha demostrado buena efectividad en pacientes con depresión leve-moderada, no se conocen los efectos a largo plazo.
La práctica de ejercicio físico, está demostrada la capacidad del ejercicio físico para mejorar el bienestar personal, tanto físico como psíquico. En los pacientes con depresión leve-moderada, un programa de ejercicio de intensidad moderada, de 40-45 minutos, 2-3 veces a la semana, durante un periodo de 10 a 12 semanas, podría repercutir en una clara mejoría de la sintomatología depresiva.
La hierba de San Juan, sus propiedades antidepresivas han sido constatadas en numerosos estudios pero presenta interacciones con otros medicamentos y debe tomarse siempre bajo prescripción y supervisión de un médico.
Cada cual libra su propia batalla interior, muchas veces hablamos de otros sin saber lo que le ha ocurrido en la vida, o el peso que lleva sobre sus hombros. Los mismos problemas hacen que diferentes personas reaccionen de diferente manera, tenemos que dejar a cada uno el tiempo necesario para asimilar y reponerse a las adversidades del día a día.




























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