El envite del agua suena a empujón, recurrentemente cayendo. Y, al fondo, el mar. Pero en su camino, que es el nuestro, su sonido constante nos avisa de que la vida es no parar, ni recular, sino seguir caminando. No queda otra. Por eso la imagen es tan insinuante, a pesar de que el agua se sienta atrapada en una fuente. Pero da lo mismo: su fuerza, su vitalidad, su escondida energía hablan de su presencia imprescindible. Por eso, desde hace unos años, la quieren gestionar las empresas privadas: han descubierto el nuevo maná: el agua de todos. Casi todo se reduce a la especulación y al negocio. Humanos que somos: atrapados también en el bucle del dinero.































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