Empieza octubre con Las Palmas de Gran Canaria en fiestas de una a otra punta.
A un lado, La Naval, portuaria y miliciana, con entronques profundos en el mismo momento de la entrada de la fe cristiana en Gran Canaria y un regusto a puerto, cambullón, pescadores y ejército.
Al otro, El Rosario de Vegueta, con reminiscencias claustrales y de viejas casas de la no menos vieja cuna de la ciudad.
Y ambas con el trasfondo histórico de uno de los enfrentamientos bélicos que marcaría el devenir del continente europeo tras el Renacimiento: la Batalla Naval del Golfo de Lepanto, que el 7 de octubre de 1571 acabó con el avance en el oeste de Europa y en las aguas mediterráneas del Imperio Otomano, gracias a la llamada Liga Santa en la que se unieron el Papa, la República de Venecia y los territorios controlados por Felipe II. Quede para otro momento el tratar sobre este evento que Cervantes-partícipe en el mismo- nombrara en el prólogo del Quijote como “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros...” y en el que galeras, galeazas, bergantines y fragatas decidieron el futuro de millones de personas. Todo cambió a partir de ese momento. El 17 de Septiembre de 1571, el papa Pío V -perteneciente a la Orden de Santo Domingo- ordenó el rezo del Rosario a toda la Cristiandad; en las iglesias la Devoción de las cuarenta horas, procesiones...y el mismo día de la batalla setenta y cinco mil soldados cristianos, recibieron la comunión, y lo rezaron durante tres horas.
Con toda lógica, tras Lepanto, Pío V estableció el primer domingo de octubre como el de la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y se añadió el “Auxilio de los Cristianos” a las letanías; su sucesor Gregorio XIII lo modificó a Nuestra Señora del Rosario; Clemente XI extendió la festividad a toda la Iglesia y Pío X la fijó el mismo día de la batalla: el 7 de octubre.
Por ello, el origen de la -desde siempre- llamada Fiesta de “La Naval” no podía estar más claro cuando el 6 de octubre de 1595 el almirante inglés Sir Francis Drake quiso entrar a saco en la Gran Canaria. Tal como puede observarse en el grabado adjunto y destacara en una de sus mejores crónicas, Sebastián Jiménez Sánchez “...en la Naval Canaria actuaron en disposición de media luna, contra el litoral de Las Palmas, quince navíos frente al Castillo de Santa Catalina que cubrían veintisiete lanchas con quinientos hombres, dos navíos por el Castillo de la Luz, defendido por Constantin Cairasco, y los restantes hacia la Ciudad, por la parte del Torreón de Santa Ana, que defendía Fernando de Lezcano-Múxica...”
La derrota del inglés por mor de la intervención de nuestras milicias, fue narrada por Lope de Vega en la “Dragontea” y el religioso Bartolomé Cairasco (hermano de Constantín) lo hizo en su obra “Templo Militante”.
La fiesta, tal como estudiara y detallara a la perfección Pablo Artiles en su obra “Luz y Leyenda”, la celebró anualmente la Cofradía y Hermandad del Santísimo Rosario del Convento dominico de San Pedro Mártir hasta la desamortización y de sus manos vino la fuerte unión y común raíz de ambas celebraciones; presente en muchos documentos que dejan clara interesantes cuestiones como que en el Convento, “los Mayordomos de la Cofradía de Ntra Sra. da le Victoria que es el prm. domingo. del mes de Octu. de cada año (recibe) de la Cofradía de los Soldados pagan doze doblas por la Fiesta Naval y una misa cantada de réquiem el día siguiente por los soldados difuntos, y doze rezadas cada mes una”, que desde el año 1637se celebra en la Ermita de La Luz de la Fiesta de La Naval o de La Victoria; la donación a la Virgen del Rosario del Convento en 1694 por un capitán de milicias de un trono con la condición de que no se había “de poner ni armar dicho trono sino fuere en la fiesta Naval q. se celebra el prim. domg. del mes de Otbre de cada un año”; uno de 1813, en el que a petición del mayordomo de dicha cofradía del Rosario se hiciera en la catedral “repique de estilo durante la procesión de La Naval” u otro con fecha ya relativamente tardía -1861- en el que los documentos parroquiales de Santo Domingo nos hablan de “los actos a celebrar en el primer domingo de octubre y en su octava, que llaman también de La Naval”. Ello conllevaría el altísimo honor en que se consideró siempre en la sociedad isleña la pertenencia a la Cofradía de Hª Sª del Rosario de Vegueta.
La festividad y su celebración pasaría ya en el siglo XIX a los Alcaides y Castellanos del Castillo de La Luz o Principal de Las Isletas, tan presente siempre en las gestas milicianas grancanarias, marcando con ello otros rumbos que dan paras otros escritos, e iniciando la celebración de la fiesta litúrgica el primer sábado después de la solemnidad del Rosario.
Los turcos y Drake; el Rosario y La Luz, Lepanto y la Batalla de 1595, raíces diferentes para un mismo hecho. Así es la cultura.
José Luis Yánez Rodríguez es Cronista Oficial de Teror.






























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