Posiblemente el silencio sea tan alto como el Teide. Tal vez, desde esta isla en que miramos, el silencio se transforma, al atravesar el mar de nubes, en el fiel amigo que nos ayuda en las veredas estrechas y solitarias. Silencio azul, silencio verde. Silencio que tiene el sabor de la Historia secuestrada. Pero silencio no significa ignorancia. Si miras bien la imagen, podrás descubrir que Antonio Machado nos señala el camino y la estela, y Pino Ojeda, desde su mirada interior, nos reclama el amor verdadero:
“y después, déjame el silencio”.
Solo sé que esta imagen, en su contraste, me han devuelto las palabras de dos poetas únicos: uno, en tierras de Castilla; y Pino Ojeda, en la isla de las nieblas.































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