La soledad y la vejez

Opinion

Carlos Álvarez 2Mi abuela Carmen siempre solía decir: “si la vejez con dinero es mala, sin dinero que será”, mi abuela tenía una pequeña pensión por los años de funcionario de mi abuelo Pedro, le daba lo suficiente para pagar todos los gastos y darles algún capricho a sus nietos.

En muchas ocasiones pensé en sus palabras, y de cómo: “de cinco pesetas, guarda siempre 2, no sabes que va a pasar mañana”. Ella siempre me estaba contando sus historias (a mí y al resto de la familia). Un día fue a comprarse una mantilla para ir a los carnavales a Las Palmas, cuando su padre la vio y le pregunto que a donde iba, y ella comentó que a Las Palmas, el señor (mi bisabuelo) le quitó la idea de la cabeza rápidamente. Recuerdo cada una de ellas, como si ella misma ahora las estuviera contando.

Esta semana he leído dos noticias que me causan mucha tristeza. Por un lado en Santa Brígida, el pasado lunes fue encontrado un cadáver en el interior de una vivienda, dos años después de su fallecimiento. La familia no se extrañó de su ausencia y los vecinos con los que tenía trato suponían que estaría en su casa de Las Palmas de Gran Canaria o en la del Sur. Tenía 65 años, Chicho vivía solo, en la casa que había heredado de su madre, cuando esta falleció, su hermano, también heredero de la vivienda, y por lo cual tenía llave, fue quien descubrió dos años después a su hermano, muerto y solo.

Por otro lado, el caso de Oscar, un argentino que fue a Urgencias aquejado de un dolor de cabeza, las enfermeras vieron que ese día era su cumpleaños, 84 años, para ser exacto, lo que le pasaba a Óscar no era un dolor de cabeza. “Hoy cumple 84 años y no quería estar solo”, explicaba al día siguiente Gisel Rach, una de las enfermeras. “No tuvo hijos y su compañera de vida se fue hace cuatro años. Sus hermanos fallecieron todos, él era el menor de ellos”. Las enfermeras se dieron cuenta de lo que le pasaba cuando le dieron el alta y le preguntaron si tenía a alguien que pudiera ir a buscarle. Óscar contestó que no. Fue entonces, cuando las enfermeras decidieron comprarle una pequeña tarta y una vela para que pidiera los tres deseos e improvisaron unos globos con guantes.

“Hay más vergüenza para decir que estás solo que para decir que tienes hambre”. Juan Díez, sociólogo y coautor del estudio 'La soledad en España', aseguraba también que esta problemática “seguirá creciendo en los próximos años”.

Cuatro millones de españoles sienten soledad a menudo. 3,3 millones viven solos porque no les queda otro remedio. Los sentimientos negativos asociados a la falta de relaciones sociales, la baja percepción de uno mismo y respecto a la vida, y la subjetividad de sentirse solo, estando o no acompañado, quedan más agravados en el contexto de crisis.

Se pueden distinguir cuatro tipos de soledad, según la escala Este-R de la Universidad de Granada (2009):

Soledad familiar: se produce cuando hay una falta de apoyo de la familia o cuando la persona mayor no percibe el apoyo como idóneo. Así pues, puede darse tanto si la persona mayor no tiene familia como si la tiene pero la valoración que de ella hace no le es óptima.

Soledad conyugal: se da cuando hay una ausencia de sentimiento de amor en la pareja, ya sea porque la relación no es adecuada, ya sea porque se ha producido la pérdida de la pareja. Este último hecho se convierte en un momento vital de mucha importancia en la etapa final de la vida, debido al impacto emocional que supone y la gran dificultad de vivir con la ausencia del ser querido.

Soledad social: se produce cuando hay carencias en las interacciones de las relaciones sociales de la persona mayor. A menudo pueden producirse reacciones de retraimiento por parte de las personas mayores que son consecuencia de sus valoraciones.

Crisis existencial: proviene de un conflicto en la auto percepción de la persona. Cuando la persona mayor piensa o siente que no vale la pena seguir viviendo o que no encuentra el sentido para ello. Se da con frecuencia  tras producirse una pérdida importante, bien de autonomía o de salud, o bien la pérdida de un ser querido.

Las consecuencias de la soledad se extienden a todas las clases sociales, y, con la crisis, se añade la carga de la intranquilidad vivida por parte de las personas mayores, puesto que se augura para las generaciones venideras una peor calidad de vida que la de las personas mayores actuales. Existen estudios que demuestran la incidencia negativa del sentimiento de soledad no deseada en el ámbito de la salud, concretamente los que relacionan directamente soledad y enfermedad. El dolor social de no sentirse escuchado o integrado dentro de la sociedad tiene efectos nocivos, como el aumento de riesgo de padecer enfermedades coronarias y cardiovasculares, o incluso la afectación de los sistemas neuroendocrino e inmunológico.

Por eso debemos apostar por un modelo social, adaptado a nuestros mayores, con la creación de un Centro de día y una Residencia.

Centros de día: Son el servicio más parecido a una residencia de mayores en los que la persona puede ir a pasar el día pero no quedarse a dormir. Son instalaciones especializadas en tercera edad, donde un equipo de profesionales ofrece servicios de prevención, tratamiento y cuidado de las personas mayores. Los mayores pueden continuar en sus domicilios habituales, pasando las noches y fines de semana, de este modo no existe una desvinculación total con su ambiente de referencia, su entorno, ya que no se encuentran en situaciones de total dependencia. Los centros de día podrían considerarse el eslabón intermedio entre la total independencia del mayor y la estancia en residencias. Un paso tremendamente necesario para mejorar la calidad de vida, ralentizando síntomas propios de la edad. El servicio de centro de día se puede combinar con el de atención domiciliaria y Teleasistencia para que la persona reciba un servicio completo.

Residencia: Una residencia para personas mayores es un centro de servicios sociales destinado a procurar una alternativa de alojamiento (temporal o permanente) para personas mayores de 65 años o aquellas que, superando los cincuenta, sean pensionistas por cualquier contingencia. Allí se les procurará alojamiento, alimentación y una atención integral que favorezca su desarrollo personal.

Residencia mixta: centro destinado a la atención social de personas mayores que mayoritariamente puedan valerse por sí mismas, pero dotado de una unidad para la atención de personas afectadas de minusvalía física o psíquica.

Residencia asistida: centro destinado a la atención social de personas mayores afectadas de minusvalías físicas o psíquicas que requieren, además de los cuidados ordinarios, una atención de enfermería y vigilancia médica.

Actualmente la mayoría de las residencias para mayores tienen ambos modelos integrados.

Si queremos avanzar como sociedad, no podemos olvidar a aquellos que han luchado por nosotros. Nuestra mayor prioridad debe ser la de garantizar los últimos años a nuestros mayores con la mejor calidad de vida posible.


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