Hablar, oír y dialogar; pilares de la paz social

Opinion

juanantoniosanchez2014buenaLa verdad jurídica parece tener diferentes maneras de ser analizada dependiendo que verdad se quiera buscar en su normativa; es decir, que las Leyes y el Código Penal o Civil se muestran prácticamente inexistentes para los que su significado es una simple omisión de la libertad de sus desmanes, incurriendo en deslegitimar a jueces o fiscales, increpando a todo aquel que se salga de un camino hacia el abismo de la descomprensión del resto del mundo y alentado por una discreta presencia de personajes atentos a cualquier cosa que suene a demagogia, populismo del de antes o extremismos desalentadores para una sociedad como la nuestra.

Intentamos salir de una crisis económica cuya voracidad se ha llevado por delante a las clases sociales más débiles, ha atentado significativamente en la igualdad de derechos y colmado de penurias a colectivos desprotegidos; cuando se comienza a vislumbrar una cierta luz de prosperidad a costa del desajuste de los salarios y la opresión de los contratos laborales, la coincidencia del desarbolado intento por no depender de los demás se acentúa en algunas regiones de nuestro Estado, posibilitando con ello la aparición de un sentimiento de desconfianza por parte de las empresas extranjeras que les hace ser demasiado prudentes a la hora de invertir en algunas zonas de España.

Ajenos a las posibilidades económicas derivadas del traslado de la sede farmacéutica europea a Cataluña, no parece les moleste demasiado verse desplazados por otra capital europea tras el batacazo que sufre su estructura político financiera; dependemos de todos para alargar al máximo la regeneración de nuestra economía y no es tiempo de confrontaciones imprecisas, faltas de legalidad y coherencia que tan solo atraen alarma social.

Son tiempos de pluralidad, de respetar historias y hacer de estas una base sostenible para cuidar raíces dialécticas o idiomas que no deben caer en el olvido generalizado; es tiempo de pasar a la acción política sin caer en la desesperanza de las primeras reuniones; todo diálogo conlleva desmarques egoístas, pero también llevan a un nexo de unión suficiente para comenzar a edificar un futuro beligerante, repleto de progreso y bienestar para todos, ajeno a las luchas extremistas convenidas por una parte de la sociedad manifiestamente rebelde ante todo lo que suene a pacifismo, a dialogo sugerente y a acuerdos solícitos entre las partes intervinientes que quieren alejarse de la violencia en las calles. Para eso se creó el Parlamento, para eso se eligieron actores políticos representativos de la ciudadanía y para eso tenemos las leyes y normativas que se deben acatar.

No está España para abusar de España ni el President Puigdemont para hacer muestras inequívocas de no saber muy bien cómo va a terminar su ofensiva independentista; perder, lo que se dice perder, siempre serán los mismos, la brecha de las clases sociales es ya demasiado profunda para prolongarla con diferencias de ciudadanos y ciudadanas dependiendo de su procedencia aún dentro del mismo sitio.


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