“Ayer me precipité en el vacío. Me encontraba en el Pequeño Botánico y descubrí, por primera vez, los colores y formas de la Naturaleza. Siempre estuve rodeado de papeles y de gente, de números y encuestas y porcentajes y proyectos. Hasta que decidí parar porque ayer, a la una en punta de la tarde, me precipité en un bucle que no tenía fin. Al salir de mi oficina, el pasillo se agrandaba más y más y, a pesar de que avanzaba, no lograba llegar al final: se estiraba como un chicle el interminable recorrido. Cinco minutos después me despertó un vaso de agua en mis labios. Y lo que vi no me gustó nada. Logré salir del edificio y perder mis pasos por la ciudad vieja, la que recorrí tanto de niño. Y allí, en el Pequeño Botánico, volví a la vida. A la vida real, quiero decir.”































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