Los estanques, repartidos por nuestra geografía, reflejan no solo lo inmediato, sino que al descubrirlos con otra mirada nos hablan de un tiempo marcado por el valor del agua. Acaso hoy suceda lo mismo, aunque la agricultura haya ido perdiendo espacios. Sin embargo, la muerte también se asoma a estos lugares, no siempre bien protegidos, y ha repartido el dolor. Su eterna atracción, sus aguas tranquilas, parecen requerir nuestra presencia, como han hecho las bellas y misteriosas sirenas con los atrevidos navegantes.































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