Durante muchos años, en estas islas hemos permitido vertidos constantes al mar, y de aquellos polvos, vienen estos lodos. Hemos permitido auténticas atrocidades medioambientales y empezamos a pagar las consecuencias. Es de esperar que de una vez por todas aprendamos la lección y que nos volquemos en proteger nuestras costas y nuestras cumbres, porque no son vertederos ni cosa que se le parezca.



























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