La Historia se va agarrando a las paredes para devolvernos una existencia de siglos. La vieja piedra, coloreada por el musgo pegado, nos habla de un Patrimonio que ha llegado hasta nuestros días y que solo apreciamos cuando elevamos la vista y detenemos la mirada curiosa. Y cuando la lentitud recupera su verdadero valor. Por eso debemos ir despacio y mirar bien lo que nos rodea. A poco que prestemos atención oiremos las voces del pasado.































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