Siempre estamos tomando decisiones: pequeñas y grandes; simples y trascendentes. La opción de elegir, a fuerza de equivocarnos muchas veces, continuamente ronda a nuestro lado. Y a veces resulta más sencillo elegir entre tres o cuatro posibilidades. Sin embargo, cuando hay que decidirse por dos opciones, el dilema se hace inmenso. Decidamos lo que decidamos, será la decisión acertada. No nos queda otra. O la asumimos o la inseguridad se volverá eterna y rondará a nuestro lado como la sombra que llevamos encima.































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