Solemnidad de San Joaquín y Santa Ana

Opinion

pedrorodriguezmoyEn estos momentos de ajetreo vacacional, miro a las personas mayores que tengo a mi alrededor y me pregunto: cómo fue su historia?, en mis artículos ya publicados han pasado historias personales con vicisitudes increíbles.

Hoy miercoles día 26 de julio en el que se celebra a San Joaquín y Santa Ana, padres de María y abuelos de Jesús, nada mejor que hablarles de nuestros abuelos a los que tanto tenemos que agradecer por el bien que representan para nosotros y para la sociedad.

A ustedes lectores, les resultará muy familiar recordar por tener algún abuelo, que por tener la edad suficiente, cuidó del resto de los hermanos, ya que la madre tenía que ir a trabajar por haberse quedado huérfana, apenas fueron a la escuela, viviendo grandes estrecheces sacaron adelante a la familia en los años del hambre, además, pobreza, enfermedad, soledad... situaciones que se han dado en todas las sociedades programadas para el éxito de la juventud y que se sufre cuando se llega a ser “gente mayor”.

Abuelos que han vivido gran parte de sus vidas en situaciones que nosotros consideraríamos como incómodas, angustiosas e incluso terribles. No había colchones viscoelásticos y las carreteras tenían más baches por kilómetros que teléfonos móviles por persona en la actualidad. No obstante ellos salieron adelante y hoy viven arropados y tranquilos. Gente como ellos han hecho que hoy mi mirada esté puesta en Felipe y Amparo, mis abuelos maternos y también en Pedro y Amparo mis padres y a la vez abuelos de mis sobrinos.

Ellos son los transmisores de la cultura familiar, la cual es una riqueza que se valora cada vez menos. Pero es muy importante, y normalmente son los abuelos los responsables de transmitir las tradiciones que para todo ser humano el tener raíces, saber que pertenecemos a una familia, con un pasado, con una historia, nos hace sentirnos parte de algo, define nuestra identidad y le da soporte.

Po eso no hay que dejar que los apuros y las distancias hagan perder este elemento imprescindible en el crecimiento afectivo de los nietos. Los abuelos han vivido mucho y, como todos sabemos, no hay mayor conocimiento que la experiencia. El abuelo puede contar lo que ha aprendido en su vida y esa información es de gran riqueza, porque puede estar cargada de consejos académicos o laborales, amorosos, afectivos, etc. Y todos estos valores transmitidos van a configurar, en parte a la identidad del nieto, ayudándolo a tomar decisiones en el futuro.

Mi abuelo Felipe y mi abuela Amparo andaron por las mismas calles que hoy camino yo, he vivido en su misma casa, mi madre a luchado como ellos para llevar una vida digna, a rezado ante las dificultades y las alegrías... Ellos somos todos y cada uno de nosotros, tarde o temprano, inevitablemente, todos llegaremos, aunque ahora no lo pensemos.

Mi madre me dice que envejecer debería ser una bendición para todos, un movimiento de la vida que une a las generaciones en una sociedad feliz. La edad de la madurez y de la transmisión de valores, debería ser para todo abuelo la de ayudar a sus nietos, como ya lo hizo con nosotros mis abuelos, que dentro de su estado de dependencia y de debilidad nos enseñaron a encontrar un sentido a la vida.

En la época actual se ensalza de manera obsesiva los valores juveniles, rechazando a los mayores , como personas “inútiles” y la solidaridad entre las generaciones se degrada por culpa de las mutaciones de la vida familiar.

Hay que amar por simplemente existir. La relación sana con un abuelo nos enseña a los más jóvenes a querer a las personas simplemente por existir y no por los beneficios que les pueda traer. Esto es algo muy valioso en la sociedad de hoy, en donde el éxito material y el consumismo es una ola que inunda, pero es innegable que compartir con los abuelos tiene un impacto positivo en la vida de los nietos. No sólo como cuidadores, sino a nivel afectivo y emocional. Un abuelo que sabe cumplir su rol, amoroso y acogedor, se convierte en un referente para sus nietos. Puede ser un consejero, un guía y, por qué no, un modelo paralelo al de los padres que los acompaña y nutre con su amor y sabiduría. No todos son perfectos, "mi padre no lo fue para sus nietos". Pero en este intercambio, con sus diferencias, encuentros y desencuentros, hay muchas cosas valiosas. Y las generaciones intermedias - los padres de los niños o los hijos de los abuelos, que es lo mismo - deben ser las gestoras e impulsadoras de estas potentes relaciones.

Gracias a los progresos de la medicina la vida de mi padre y la de muchos abuelos se ha prolongado. El número de personas mayores se ha multiplicado y hay quien está necesitado de alguien que le dé una mano, o que no se valga por sí mismo y tenga necesidad de una dependencia total de otra persona.

Mi madre es consciente de su rol de abuela y la de mujer de un dependiente, sabe quien es y quien nunca dejará de ser... hasta que la muerte llame a la puerta para hacer el camino definitivo que todos alcanzaremos.

También tiene muy claro que los abuelos son personas, mujeres y hombres que son las raíces de la familia, que convocan a todos los parientes, primos, tíos, hermanos, niños, jóvenes, una señal inequívoca de que la familia es un lugar de encuentro irreemplazable. Mis abuelos hicieron un gran bien a mis hermanos y a mis primos con su compañía, con sus consejos por su rol de sabiduría. Por eso pasar tiempo con los abuelos fue una escuela informal de valores. Compartiendo momentos aprendimos de su generosidad, aprendimos a escuchar y respetar a los demás, así como la responsabilidad por el cuidado y la atención del prójimo. Con el “saber hacer” de cada día, el ejemplo, eso es lo que verán los hijos y nietos y eso será lo que nos quedará. Se educa más por la vista que por el oido. Cuántas cosas me transmitieron Felipe y Amparo sin demasiadas palabras, sin apretar, sin imponer... Tan solo estando a su lado, viendo como vivían, sus valores, sus virtudes, su fe.

Hoy en día las cosas han cambiado las familias no son tan numerosas, las separaciones se han incrementado, no todos viven cerca, las casas no son tan grandes para acoger a tantos y a los abuelos, muchos de ellos están en las residencias. Pero como en toda época, no hay que llorar por lo que ha cambiado y se añora; ni predicar el “todo tiempo pasado fue mejor”. La manera de enfrentar la moderna forma de vivir debe ser optimista e integradora. Pues debemos rescatar en la medida de lo posible, todo lo bueno que nos trae las relaciones intergeneracionales y tratar de fomentarlas a pesar de los obstáculos. ¿Por qué debemos tenerlo como una de nuestras prioridades? porque los beneficios para todos los miembros de la familia, sobre todo para los más pequeños, son irreemplazables.

Quiero terminar el artículo poniendo en relieve la labor de la Mujer, por madre, por abuela, desde siglos antepasados las tradiciones de estos dos personajes: abuelo, abuela, padre, madre, van siempre unidos, aunque en la devoción popular Ana siempre ha ido delante de su esposo Joaquín. En nuestra catedral de Canarias tenemos una muestra de ello, en el hecho de que la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria tiene como titular precisamente a Santa Ana.


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