Estado y autonomías, obligadas al paralelismo social

Opinion

juanantoniosanchezcampos02Sorprendente. Quizá esa sea la mejor palabra que resuma la impresión que no deja de causarnos al recibir la información de una parte de la sociedad que pretende envolver a la otra en una dinámica alejada de la paz social de un país demócrata y comprometido como España, las intenciones del Gobierno para alejar de su entorno cualquier tipo de responsabilidad proveniente de los aluviones de una parte del Estado nos incita a pensar en las pocas alternativas de las que goza el Gobierno para atajar con una diplomacia exquisita lo que de no ser así, la Justicia prevendrá por otros medios.

Somos más que una amalgama de comunidades autónomas diferentes, cada una con sus propios representantes elegidos pacíficamente para solucionar sus propias necesidades, aunque dependientes entre ellas de un Gobierno Central elegido por los ciudadanos y ciudadanas, estamos presentes en aquellos cambios y cualquier tipo de proyecto que pretenda cada región, previamente sabedores de que este viene a repercutir en beneficio de todos. El Gobierno, no solo deberá colaborar con las herramientas que la Constitución le otorga, sino que se hará cargo de personalizarlo a medida de lo que resulte mejor para el país.

Por qué en ello esta nuestro singular valor, el de la unión y el compromiso de todos y cada uno de los representantes de las distintas autonomías, además de un logro añadido a nuestro amplio ya curricular democrático que tanto inspiro a otras naciones.

Un Estado de Derecho no puede permitirse sesgos o discriminaciones entre las autonomías que lo conforman, el maquillar con unos presupuestos un desapego del resto, por causas de identidad, idioma o ideología, es un grave peligro para el conjunto de las sociedad del país y contra eso no se puede luchar mediante una simple aportación a la ligera que tape las bocas de la mayoría que no piensa de la misma forma, aunque se sirven de los recursos desde hace décadas; es ahora, tras el cambio de generación política cuando los nuevos representantes mascullan maniobras diferentes, concebidas para rellenar programas que se salen de la lógica, de las leyes e incurren en un desmembramiento del sistema social del Estado. El dinero, las cuentas de las comunidades y los recursos de los ayuntamientos coinciden en el soterramiento de las actuaciones disfrazadas de protagonismo inconcluso.


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