Las vacaciones
Las recientes declaraciones de Cristina Cifuentes, presidenta autonómica madrileña, suscitaron alguna que otra controversia. Se refirió, aprovechando la cercanía del periodo estival, a las vacaciones retribuidas. A las que tiene derecho cualquier persona activa que desempeñe un puesto de trabajo. En ese sentido, hizo referencia a sus vacaciones, mostrando la intención de no disfrutarlas. La cuestión, en principio, no tendría por qué representar noticia alguna. No obstante, no terminó de expresar su propósito y ya estaban los medios con la noticia en portada. Acaso porque, más que expresar otra cosa, quiso escenificarse como una persona que trabaja más que nadie. De no ser así, no se entiende.
Cada cual, como sucede con cualquier otro derecho, puede disfrutar o no del mismo. Tratándose de derechos, es importante recordar cómo se lograron. Porque no son dádivas, carentes de costo alguno. Siempre, para alcanzar el objetivo, han mediado movilizaciones. Sin olvidar los lesionados, cuando no muertes, que deja a su paso. No solo por ello, sino por las múltiples circunstancias que se mueven en torno a este asunto. Son muchas las personas que no pueden disfrutarlas. Por variados razones; de enumerarlas, alguna quedaría sin mencionar. De ahí la necesidad de no frivolizar en torno a este asunto.
Otros motivos se podrían exponer en defensa de tal derecho. Entre ellos, de capital importancia para un país con notable dependencia del turismo, lo que representa el sector – casi el 11% del PIB –, de ahí la importancia del periodo vacacional para el mismo. Asumiendo dicho porcentaje del PIB, prescindir del turismo supondría un daño para la maltrecha economía española; a pesar del mantra de la mejoría sustancial, que deja atrás a la crisis. Cuando de vacaciones se trata, habría que considerar cómo las disfrutan quienes prestan sus servicios en dicha actividad. En muchos empleos, no hay dudas al respecto, los periodos vacacionales van ligados a la producción. Dicho de otra manera, si en el periodo estival se generan los picos de producción, serán otros los momentos en que puedan disfrutar de sus vacaciones. Quienes estén en disposición de ello, claro.
Cabe considerar asimismo, su beneficio sobre la salud de las personas. Son diversos los estudios que asocian ese periodo de desconexión a la mejora de la salud, o al menos, a evitar su deterioro. Es importante, al menos por higiene mental, desactivar por un tiempo la dedicación al trabajo. Requiera este un esfuerzo físico o mental. En cuanto al físico, la recuperación fuerzas nunca viene mal para poder continuar con el ritmo de la actividad. Si se trata de un trabajo en que la mente, y la concentración, ocupe un importante porcentaje de la actividad desarrollada, es imprescindible ese descuelgue temporal para volver a reincorporarse a la actividad con nuevos bríos.
Por tanto, allá la señora Cifuentes y sus motivos para no disfrutar del periodo vacacional. Si lo fuese a hacer de ese modo, bien podría actuar con discreción, sin aspavientos. Salvo que se trate, claro está, de dar algún extraño mensaje en cuanto a las vacaciones retribuidas; alguno como poner en duda su legitimidad, por aquello de esa exigencia del FMI de continuar con las reformas laborales.



























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