La palmera reflejada en el agua verde del estanque podría desaparecer si no caen cuatro gotas como mínimo. Es verdad que la imagen no es hermosa ni agradable: habla de sequía y de destrucción paulatina. Pero todo ha sido natural: este invierno ha sido particularmente seco. Por eso la palmera no ha tenido tiempo de reflejarse en el estanque, de peinarse detenidamente y lucir su bella estampa. Nunca las estaciones son iguales. Y menos aún en estos tiempos de cambios climáticos.
Pues eso: todo cambia.






























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