Oportunidades perdidas por un encontronazo buscado
Cuando se dieron cuenta del difícil escenario político algunas clases sociales que no dudaron en cancelar libertades, rescindir contratos laborales y romper las normas establecidas con el único afán de convertirse de nuevo en verdaderos instauradores de sometimiento al pueblo, claudicamos con su doctrina, creyéndonos a pies juntillas promesas falsas, juramentos hipócritas y risas tapadas en los despachos.
Ante la inmersión de diferentes tendencias ideológicas con una misma denominación nos encontramos ante la dificultad de advertir la ideología compartida d ella misma, es decir, no advertimos si la popularidad de ir recogiendo pequeñas asociaciones, partidos de iniciativa popular con minorías o el desinterés por capacitar a algunos miembros para la obtención de protagonismo en el escenario político era suficiente motivo para congregar un número conveniente de opciones propias.
La realidad es que nos sometemos a una constante innovación de fórmulas venidas a atrapar el interés de la ciudadanía, cansada de aquél bipartidismo convenido de una izquierda poco zurda hacía una derecha desalmada. Han venido varios años en los cuales el descontrol político vino de la mano de la desazón de la economía, lastrada por el propio capitalismo para incidir notablemente en un proceso que se les iba de las manos en el que el bienestar de la sociedad y la calidad de vida de los españoles y españolas se les iban acercando no tanto en poder adquisitivo como en igualdad de derechos y condiciones. Vamos, que la clase trabajadora sabía vivir mejor que ellos con sus fortunas la bonanza de la economía, sirviéndose de sus ventajas en la adquisición de segundas viviendas, mejores automóviles y un envidiable ambiente decorando los espacios públicos y de ocio.
No podía ser, la ventaja que les daba su dinero con respecto a la plebe era fundamental para coexistir y sobrevivir la ignorancia de los acaudalados; no era sugerente ni provechoso concurrir en actos o eventos a los que ya cualquiera pudiese acudir sin necesidad de un gasto demasiado extraordinario. Es decir, que la clase obrera sabia disfrutar mejor de las dádivas de la economía que los que siempre fueron por delante con sus fortunas ocultas; no podía ser, era inaguantable saberse mirando a la misma altura que el camarero, ser observado desde la misma perspectiva, sin sobresalir por encima de los hombros por cualquier trabajador que antes era visto como fiel sirviente rebajado a sus propinas.
Las normas de la democracia han sido boicoteadas, saboteadas por un asalto inesperado a cargo de una directiva engreída, el caso del veto de la formación morada Podemos a algunos periódicos y cadenas de radio apartándoles de sus invitaciones a un acto que después dijeron para salir del paso que era privado, nos dejan algo escépticos a quienes pensamos en la libertad de prensa como herramienta indispensable para sobrellevar, mantener y distinguir lo que la democracia conserva como bien inquebrantable.
Ahora que el resurgimiento de la izquierda parecía venir de la mano de una generación novedosa, se están equivocando en sus decisiones, apremiando a sus intereses por encima del de sus simpatizantes y tratando de influir en la desaparición de un socialismo que parece revivir de sus cenizas, a pesar de los numerosos tropiezos y zancadillas lanzados para dejarlos fuera de la lucha por el poder en España e influyendo notablemente en el conjunto socialista del resto de Europa con sus confluencias, sus alocadas aspiraciones y una manera de hacer política un tanto desacertada.
Sin una colaboración adaptada a la demanda social en la que algo de su partidismo e ideología deben quedar al margen para ser capaces de encontrarse en un punto de consenso, no hay quién eche a Mariano Rajoy de su trono, aún peor, solo conseguiremos que se apalanque más en su poltrona y siga riéndose a hurtadillas de lo que sus ministros disponen, sus corruptos niegan y sus colaboradores aceptan sin rechistar.




























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