La moción de censura

Opinion

leonilocartel2015La moción de censura de reciente presentación, ha dado que hablar antes de su registro en el Congreso de los Diputados. Me refiero con ello, a la totalidad de las fuerzas políticas: a quienes serán censurados, a los censurantes y, cómo no, a quienes pondrá en evidencia el procedimiento. Procedimiento, no lo olvidemos, que viene respaldado por el artículo 113 de la Constitución Española. El mismo, presenta un doble objetivo – de hecho se materializan durante su debate –, a saber: de un lado censurar la actuación del gobierno a lo largo de su desarrollo parlamentario; de otro, de prosperar la mayoría absoluta necesaria (que no sucederá ahora, como no sucedió en las dos ocasiones precedentes), investir a quien se promovió como presidente en el texto de la misma.

En el transcurso del tiempo, desde que se anunció – con sorpresa para el resto de las organizaciones como en la de 1980 – se han desatado las voces críticas. De un lado quienes pueden ver cómo el Congreso de los Diputados, sin que ellos puedan controlarlo, se convierte en un espacio de denuncia de sus actuaciones hasta la fecha. Porque el motivo de la censura, no lo olvidemos, es ese cúmulo de casos de presunta corrupción que los jueces les atribuyen. Sería una situación bastante enojosa, para los censurados, que el altavoz del hemiciclo sirva para continuar publicitando los distintos casos sujetos a instrucción judicial. Sobre todo, porque las reglas del juego se inclinan a favor del censurante, tanto su portavoz como el candidato a sustituir al censurado – de prosperar, claro está – no tienen límite a la hora de intervenir. Lo peor, tienen la última palabra, algo que consideran es patrimonio de ellos.

Los censurantes, porque han comenzado a vender la piel de un oso aún no cazado – a pesar de reconocer públicamente la escasa viabilidad de la misma –, lo que suele resultar empalagoso en ocasiones. Acaso esta sea una de ellas. Está claro, a nadie se le esconde a estas alturas, que buscan notoriedad. Recordemos, volviendo a hacer uso de los precedentes históricos, el éxito logrado por Felipe González a pesar de no haber logrado el objetivo de derrocar a Adolfo Suárez. Habrá que reconocer que a partir de ese momento, intento de golpe incluido, comenzó a mejorar la preferencia del electorado, que culminó con la victoria del 26 de octubre del 1982. También, si recurrimos a la historia, habrá que recordar la de Hernández Mancha. No resultó tan halagüeña como la de Felipe, siete años antes. La moción fue el principio del fin de la carrera política del censurante. Supongo, que quienes ahora recurren a este procedimiento, sean conscientes de tal riesgo.

Quienes también han puesto la máquina a funcionar, a la de las críticas me refiero, son los grupos políticos que, por uno motivo u otro, no han querido apoyarla. Los motivos son variados. Por un lado, quienes andan organizándose, pues le cogen con las manos en la masa. Es el caso del PSOE, que a pesar de haber nombrado a su Secretario General, no parece tener capacidad de movimiento hasta que se produzca el Congreso a mediados de junio. De otro, quienes tienen como objetivo cubrir la espalda del PP, pese a los desplantes cara a la galería. Es evidente, su posición política les impide tomar alguna decisión que pueda poner en riesgo al PP, sobre todo porque dejaría en manos de Pablo Iglesias la presidencia del Gobierno, lo que siempre han considerado como un riesgo inasumible; no olvidemos las declaraciones efectuadas tras las elecciones de diciembre de 2015.

Por si no hubiese suficiente, también algún sector de sus afines pone en entredicho la oportunidad, en este momento, de la referida moción de censura. Si a ello le sumamos la actuación de la Presidenta del Congreso, retrasando la celebración del Pleno donde se debatirá la referida moción. Que eso, demos tiempo al tiempo y aguardemos acontecimientos. Eso sí, el censurado ya lo advirtió, no pasará por ese trance, dejando de asistir a dicho pleno que, no olvidemos, es un procedimiento regulado por la Constitución, a la que tanto defienden, al menos de boquillas.


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