Tienen las plazas de los pueblos y barrios de la geografía canaria el encanto de la historia, que se construye cada día, y el lugar de encuentro con amigos y familiares en las fiestas patronales. Por eso son lugares que debemos mimar entre todos. Y, sobre todo, los dirigentes no deberían olvidarlas. Porque las plazas de nuestra infancia son las mismas desde entonces; es el paisanaje el que la hace suya y la renueva en cada celebración. Son espacios libres y democráticos. Nos pertenecen a todos.
También hemos de lograr que las plazas nunca mueran. No deben desaparecer. Están vivas y seguirán vivas cuando ya no podamos disfrutarlas.
Por eso son tan importantes en nuestras vidas.





























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