Tiene tantos puntos de vista la Montaña de Arucas que, a pesar de no ser muy elevada, es capaz de soportar miradas diversas. Por ejemplo, la de la imagen. Está hecha desde el jardín de un vecino. Nunca imaginé que ese punto de observación existiera. Y existe. Y es real. No hay truco alguno. Solo la mirada lenta de este fotógrafo aficionado que no se cansa de observar, crear e imaginar. Es lo que tiene la cámara fotográfica: que te detiene, que escudriña y que es capaz de sacar a relucir las virtudes y los defectos. Y las vanidades también. Pero estas últimas, mejor para otro día. Disfrutemos hoy, al menos, de nuestra querida Montaña de Arucas.





























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