Labios
“Creí que mis labios eran únicos y por eso hablé sin escrúpulos vergonzosos. Estuve así unos cuantos años, hasta que los papeles panameños me dejaron en el camino. De repente, los últimos tiempos se desbocaron por el Guiniguada, sin ni siquiera dejar rastro alguno. Ya no viajo en primera ni soy VIP en los aeropuertos. He de mezclarme con el populacho, por el que tanto no hice. Sí, sí: los pobres son pobres porque quieren serlo; eso está más que demostrado. Pero el nuevo periodismo y la vieja hemeroteca han venido para quedarse y romperme. Y maltratarme. Así que tendré que ser más astuto: cambiar de país y de barranco. Y pintarme los labios con el nuevo color invisible de la honestidad renovada. No queda otra. La vida sigue. Y yo tengo que seguir besando.”





























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