“Cada vez que paso delante del cementerio, le digo a mi madre, y a mi padre también, que cuide de mis hermanos. Y de los nietos. Mi padre no conoció a ninguno, pero mi madre le ha contado cómo son, sus ocurrencias de niños curiosos y lo grandes que se han hecho.
Cada vez el dolor es más grande y, curiosamente, más llevadero. Es verdad eso que se dice del tiempo. Y su ausencia, inmensa como el mar azul.
Y al fondo, donde la línea del horizonte riela, la niebla que se acerca.”





























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