Transición
.../...aún tendrá luengo parto de varonesLa transición entre el régimen surgido del golpe del 18 de julio y la imprecisa democracia, nos contaron en su momento, fue modélica. Tal fue así, que muchos países quisieron emularla. La totalidad de quienes formábamos parte de aquel histórico momento deberíamos enorgullecernos del logro. No solo orgullo, también un sentido agradecimiento a quienes protagonizaron esa inolvidable ocasión. La muerte del dictador y los anhelos por el aperturismo a una Europa en auge, fueron los detonantes (entre otros) para que, quienes mantenían las riendas del régimen fruto del golpe, tomasen la decisión de devolvernos al estado de ciudadanía.
Como quiera que todo aquello era una dádiva de quienes nos gobernaban, la población no tuvo más que asumir la situación, tal y como venía. El texto legal, sometido a referéndum en aquel momento, conocido como la ley de reforma dio paso a los albores de la democracia. Por aquellas fechas también se publicó la ley de amnistía, mediante la cual – así nos lo vendieron – quienes eran reos de castigo, fueron devueltos a la calle. Me refiero a las personas que permanecían en prisión en cumplimiento de las condenas dictadas por los tribunales del régimen. Sobre todo, el tristemente famoso TOP, a quien supliera en tiempos democráticos la Audiencia Nacional. Fruto de esa ley quedaron impunes todos los crímenes cometidos por el régimen franquista. A raíz de la petición de determinadas extradiciones, en aplicación de la depauperada justicia universal, lo alegado – para desatender la petición – se basa en ello. No olvidemos que en su artículo segundo, aparece el siguiente tenor literal: “En todo caso están comprendidos en la amnistía: a) Los delitos de rebelión y sedición, así como los delitos y faltas cometidos con ocasión o motivo de ellos, tipificados en el Código de justicia Militar.” Es bastante significativo este inciso de la ley, imagino que no deje duda alguna sobre qué pretendía lograr. Vamos, que ni mucho menos se buscaba resolver los errores del régimen con las condenas de naturaleza política impuestas. Otros fines se perseguían, y se lograron, visto lo visto.
Cuando se criticaba la reforma política y la transición, que mantuvo intacta la estructura franquista, pues en muchos casos los cambios se limitaron a una mera mano de pintura, dándose con ello el edificio por saneado. De hecho, por no haber considerado un tratamiento de choque en las estructuras, que con posterioridad tendrían que mantener la firmeza de la edificación, hoy podemos comprobar cómo una parte importante de la misma presenta un riesgo inminente de derrumbe. Si en su momento se hubiese partido de la legalidad anterior al golpe del 18 de julio de 1936, y a partir de ahí tomar las medidas de gracia y perdón, que con la amnistía quisieron reflejarse, todo habría tomado un cariz diferente. No, como ahora mismo se puede percibir, manteniendo viejos vicios surgidos al amparo de condescendientes impunidades. Porque lo que actualmente viene sucediendo, con esa aparentemente impune lacra de la corrupción, no es sino el fruto de un comportamiento heredado del anterior régimen.
Por mucho que se empeñen, de modo interesado sin duda, en sentirse molestos por todo ese pútrido lodazal del que van apareciendo ranas (qué habrán hecho para ser objeto de tan funesta comparación), que según van croando dejan en evidencia cómo interpretan para su interés la libre competencia – de cara al patio de la penitenciaría –, mientras por otro lado no saben jugar si no es con las cartas marcadas. Sobre todo, porque son prácticas que se remontan al tiempo anterior a los cambios democráticos, cuando el INI era el responsable de establecer quienes eran dignos de explotar empresas privadas, anteriormente saneadas con dinero público. En realidad, tanto en la financiación de las campañas como en la participación en la obra pública, todo surge del erario público. Y siempre, jugando con ventaja frente a la competencia, aquella que no forma parte de la familia.
No sé qué habría dicho Don Antonio Machado, pues sus versos permanecen tan actuales, que parecen escritos en fechas recientes: “La España de charanga y pandereta, / cerrado y sacristía, / devota de Frascuelo y de María,.../...”, pues aún se pone el grito en el cielo, nunca mejor dicho, por conservar privilegios de quienes fueron la religión oficial de los golpistas; mientras, nadie se extraña que, durante el entierro de un miembro de la elite franquista, de quienes no fueron extraditados, se escenifique una clara defensa de la dictadura surgida del golpe del 18 de julio, con vivas al golpista y al fundador de la falange y, para cerrar el adorno del pastel, entonando el cara al sol. Por eso, volviendo a Machado, mantiene su vigencia “.../...Esa España inferior que ora y bosteza, / vieja y tahúr, zaragatera y triste; / esa España inferior que ora y embiste / cuando se digna usar de la cabeza,.../...” En fin, que mantener las bondades de la transición, visto al punto donde hemos llegado, se vuelve una tarea difícil.



























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