Microrrelato. "El avalista"

Eulalio J. Sosa Guillén Domingo, 23 de Abril de 2017 Tiempo de lectura:

eulalionuevaEntró con el hatillo en la mano. Derrotada por los años y las penalidades, como si un mar encrespado hubiera sido siempre su camino y su casa.

Recorrió con la palma de la mano extendida, el corredor que separa la barra metálica, de los veladores de mármol. La hilera de comensales, no más de diez, se mostró indiferente ante su presencia y su ademán limosnero.

La luna de cristal, me sirvió de escaparate para ver la triste escena de la mendiga, orillando la columna de hombres.

¿Quién sabe cuantos años tiene esta pobre anciana? ¿Quién conoce su pasado, sus tribulaciones y el cuchitril donde se alberga? ¿Quién sabe que miseria la suya? ¡Y qué destino el mío mañana!

Por su edad, podría haber sido, la abuela de casi todos nosotros, o la madre de alguno.

Solo era una indigente de paso; una desconocida fugaz, una estampa añosa y difuminada de la mujer que en antaño fue. Una gaviota cansada buscando el más allá.

Deposité unas pocas monedas en su mano, de sus labios, un tenue: “Dios se lo pague, caballero”, alcancé oír.

Se marchó como vino, en silencio y sin prisa. La máquina de café vomitó vapor líquido incandescente para un té. Se volvieron a retomar los paliques interrumpidos. Regresé a mi copa de vermú y me pregunté:

¿Por qué le di tan poco, teniendo tan buen avalista?


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