Nuestro Colegio María Auxiliadora
Cuando doña Eusebia de Armas Medina, predispone dejar sus abundantes propiedades, a la Congregación Salesiana, en la primera década de los años cincuenta, solicita de su abogado, don Antonio Limiñana López, el asesoramiento necesario para llevar a cabo de forma legal, la tramitación testamentaria en favor de la citada Congregación: el argumento expuesto por el letrado a la consulta de doña Eusebia, se convierte en todo un exponente, donde el sujeto revierte de forma desproporcionada, la respuesta basándola en unos hechos acontecidos, --que no venían al caso--, donde se observa ya su forma malsana de actuar, que más tarde se convertiría, por su parte, en unos de los engaños más perversos que se haya dado en Gran Canaria.
Para darse, unos ciertos visos de credibilidad ante doña Eusebia, apela a la “desamortización”, que había realizado en 1836, Mendizábal ministro de Hacienda y presidente del Gobierno de la regente María Cristina de Borbón, viuda de Fernando VII. Esta forma tan locuaz y patética, utilizada por el abogado citado, impresiona, asusta y coarta las intenciones de doña Eusebia, máxime cuando le “augura” de manera drástica, lo que podría ocurrir de surgir un personaje que emulando a tal Mendizábal, se implicara llevar a cabo, mediante disposiciones legales, enajenar y vender los terrenos de las congregaciones religiosas.
En España había tenido lugar varias amortizaciones, --y las sigue habiendo como son los casos de expropiaciones llevadas a cabo por algunas instituciones--, pero ninguna de la gravedad, de la llevada a cabo por este personaje, que afectó de manera exclusiva, a los terrenos del clero regular, las órdenes religiosas. La iglesia lo excomulgó, al igual que hizo con todos los terratenientes que adquirieron estas tierras desamortizadas.
Alguien se preguntará que es desamortizar, simplemente, es dejar libres bienes amortizados, mediante disposiciones legales, de modo que puedan ser vendidos o enajenados, o lo que es lo mismo liberados y expropiados.
Citar las desamortizaciones, ocurridas en nuestro país de forma cronológica, forma parte de su historia: José Bonaparte (1809), Argüelles (1813), la del Trienio Liberal (1820), la citada de Mendizábal, la del general Espartero siendo regente (1841), y la de Madoz (1855), incluso se habla de la que llevó a cabo el valido del rey, Godoy, el que nos involucró en la batalla naval de Trafalgar.
El señor Limiñana López era letrado también del Obispado Canariense, nombrado por el obispo monseñor Miguel de los Santos Serra y Sucarrats. Este miembro del Colegio Oficial de Abogados de Las Palmas, según se comentaba, en aquellos años no gozaba de buena reputación.
El Rvdo. Don Guillermo Navarro González, sacerdote y profesor salesiano, natural de Tejeda, en la actualidad con más de 90 años, fue protagonista de la apertura del citado Centro en 1955, así como también de la reunión celebrada junto con el director del centro, entre doña Eusebia y el letrado, transcribiéndolo en un excelente artículo, publicado por el periódico digital, guiadegrancanaria.com.
Cuyo contenido es el siguiente, donde el señor Limiñana, le dice a doña Eusebia: “No, no entregue usted la propiedad a los Salesianos, que luego viene otro Mendizábal que, como en el año 1836, “desamortizó”, --expresión envenenada—los bienes a las órdenes religiosas. Doña Eusebia deje usted la propiedad a la Diócesis, y esta designará un administrador, de modo que todo lo que rente será para el sostenimiento del Colegio” argumentó el letrado con insistencia. El contenido de esta conversación “descolocó”, a doña Eusebia, la cual atemorizada, optó por testar en favor del obispado.
Este lamentable affaire dejó, un enorme mal sabor de boca a los salesianos –que hoy disponen en la isla de cinco centros-- y a los habitantes de Guía, lo que propició que en todos los lugares de nuestro pueblo se comentase tan repugnante “engaño”, perpetrado por todo un letrado del cual se tenían noticias de --que nunca fue trigo limpio--, posteriormente siendo obispo de la Diócesis Canariense, monseñor Pildaín lo nombró administrador de la misma.
En Guía habitaba un señor que había sido administrador de las propiedades de doña Eusebia así como del Colegio de los Salesianos, durante algún tiempo, don Juan Castellano, conocido simplemente por Juanito Castellano, era enemigo de pompas y de todo este tipo de parafernalias, casado con doña Celia Padrón Ossorio hija de maestro Diosmedes, habitaban en la calle Luis Suárez Galván, en una casa, donde posteriormente edificó mi buen amigo, Pepe Roque, junto a la de su suegro, don Antonio Mauricio. Este señor fue un honrado y honesto administrador.
El Colegio de Salesianos, disponía de un enorme patio en la parte que daba al barranco de las Garzas. Tenía un excelente piso hecho con buenos materiales, y dado su tamaño era apto para jugar al baloncesto y al balonmano. Mi grupo de amigos y yo, nos desplazábamos hasta allí a entrenar, y con motivo de las fiestas salesianas, especialmente la de San Juan Bosco y María Auxiliadora, celebrábamos torneos deportivos.
El grupo rítmico, Tirma-Guiénse, formado por Pepe el rubio, bandurria, Mariano Chirivella, Juan Aguiar y Francisco Vega, guitarras y el que suscribe con el contrabajo, solíamos amenizar todos los actos musicales que se celebraban en el Colegio.
Cuando estábamos entrenando balonmano siempre nos acompañaban dos sacerdotes, un tal don Antonio, que era de baja estatura y otro que era de Teror, recuerdo que se apellidaba, Nuez o de la Nuez.
Doña Eusebia, tenía una gran fortuna, aparte del Colegio y los terrenos colindantes, era propietaria de varias fanegadas de plataneras, distribuidas, por la zona especialmente en la finca del Naranjo, acciones en las Comunidades de Regantes del Norte y en la del Palmital, participaciones en compañías ferroviarias, en Iberdrola, joyas, alquileres, y de la enorme casona ubicada en la calle Pérez Galdós número 1.
Comentaba el sacerdote citado, señor Navarro González, en ese artículo que publicó en el periódico digital mencionado, doña Eusebia, nos reunió y “nos comunicó su voluntad de legar todas sus propiedades a la Congregación Salesiana”. Lo consultó con su abogado, el señor Limiñana, que consiguió disuadirla, exponiéndole con toda crudeza, una vez más la --desamortización de Mendizábal--, lo que llevo a doña Eusebia totalmente intimidada a dejar sus propiedades al Obispado.
Muchos guiénses han escrito o han hecho comentarios, sobre la recuperación de este edificio, con fin de ubicar en el mismo un centro socio sanitario, tan necesario en la zona, citar a Néstor Álamo, Manuel Hernández procurador de los Tribunales, Luis Fernando Estévez, procurador también, Miguel Gordillo, profesor. El periodista Ángel Tristán Pimienta, en la actualidad un alto cargo de la Universidad de Las Palmas, Amado Moreno, nuestro insigne e internacional cantante, Braulio García, María Jesús Melián, y tantos otros que estamos a favor de la instalación de este centro socio sanitario en el citado edificio, el cual jamás debió ser patrimonio del Obispado, y si de los Salesianos, que si actualmente lo es de la Diócesis Canariense fue gracias a los “engaños” llevados a cabo por el letrado Limiñana, que en paz descanse.































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