El desfile de las calaveras o la cabalgata del carnaval

José Juan Sosa Rodríguez. Lunes, 03 de Abril de 2017 Tiempo de lectura:

Emulando a los sociólogos que utilizan en algunos de sus estudios el análisis de las basuras -´dustbin-check´-, después de acabar la cabalgata del carnaval de Telde, y su posterior celebración nocturna, se me ocurrió dar un paseo por las calles donde transcurrió el evento.

La cantidad de envases de bebidas alcohólicas, orines y vómitos que tapizaban las calles hablaban de la conducta degradante y nociva de algunos participantes -muchos adolescentes- que, con la aquiescencia explícita o implícita de padres y autoridades, además de poner en peligro su salud -que no es poco- , también corren el riesgo de convertirse en seres sumisos y manipulable. Perdiendo de este modo el espíritu contestatario propio del ser humano, y por extensión de toda la sociedad.

Quizás sea eso, neutralizar el carácter reivindicativo de las masas, lo que- haciendo suya la frase ´Panem et circenses´, de Juvenal- persiguen los organizadores de eventos tan alienantes como estos. Organizadores ´aerofágicos comerciantes de voluntades anónimas´ y pretendientes de una sociedad sumisa y fácilmente manipulable.

Sociedad descrita en el relato simbólico que, bajo el epígrafe ´El desfile de las calaveras´, escribí hace algunos años, pero que, se me antoja, sigue siendo válido para describir una humanidad dominada por una minoría poderosa y sin escrúpulos:

´Hoy, por el bulevar de los enajenados, las calaveras vacías desfilan sumisas, vanas y ufanas ante la importancia de lo superfluo.

Ellas, huecas y corroídas, sonríen a mandíbula descarnada, portando erecto el gallardete invisible de la ignorancia.

Hay calaveras de perros, de gatos, de pájaros, de hombres...

Todas, con aire marcial, llevan el paso impuesto por una música anodina, interpretada por los huesos gregarios de los usurpadores de la identidad de los pueblos.

La turba, contagiada de la vacía realidad, vitorea el paso de los cráneos, lanzando escupitajos infectados de anomía que impactan sobre los descarnados, cubriéndolos con una aureola de putrefacta esclavitud.

Aerofágicos comerciantes de voluntades anónimas presencian el alienante acto desde una tribuna hecha con jirones de mentira. Y a sus pies, los gritos sacrílegos y desgarradores de la rebeldía humana se pierden entre las fauces malolientes de unos perros descerebrados que devoran los despojos, ya descompuestos, de un cadáver llamado humanidad.

Desaparecen , por el lado oscuro del bulevar, las calaveras sumisas, vanas y ufanas. Y la trulla, inflada de vanidad, se eleva por encima de la realidad humana para perderse en el cielo gris de las quimeras. En el silencioso y negro pavimento sólo queda el cerebro olvidado de un hombre.´


Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.27

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.