Recuerdo, en mi niñez, un día soleado, una calle mojada y llena de barro, y la mano de mi padre en la mía. Y yo preguntando:
--- Papi: ¿cuando la calle se llena de barro es el último día del invierno?
No recuerdo la respuesta de mi padre, pero sí la tranquilidad y seguridad de su voz.
Y de su sonrisa ante mi “impresionante” pregunta.






























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